Farándula

Más de 35 mil personas vibraron con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado en Jesús María

La banda del Indio Solari hizo estallar el Anfiteatro José Hernández con una lista implacable, clásicos redondos e inéditos recuperados. Más de 35 mil personas se bancaron el frío en otra multitudinaria misa.

Domingo 24 de Mayo de 2026

340286_1779630622.jpg

10:44 | Domingo 24 de Mayo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Jesús María vivió este sábado una de esas noches en las que la ciudad parece volver a desbordarse como en los tradicionales días de color y coraje.

Como ocurre cada enero con el Festival Nacional de Doma y Folklore, las calles volvieron a llenarse de visitantes, banderas, puestos improvisados y una multitud caminando hacia el Anfiteatro José Hernández. Pero esta vez no hubo tropillas ni guitarras criollas como protagonistas: el motor de la convocatoria fue el enorme universo ricotero.

Más de 35 mil personas llegaron desde distintos puntos del país para ver a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, el proyecto que continuó sobre los escenarios el legado de Indio Solari luego de que el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se retirara de los shows en vivo debido al Parkinson.

 

Es llamativa la masiva convocatoria que mantienen los conciertos de la banda, sobre todo porque el universo ricotero también continúa en otros formatos: Skay y Los Fakires, liderada por Skay Beilinson, o Kermesse Redonda, con exintegrantes históricos como Semilla Bucciarelli y Sergio Dawi. Sin embargo, ninguna de esas propuestas logra movilizaciones de semejante magnitud.

Lo que quedó claro en Jesús María es que buena parte del público sigue aferrado a las canciones nacidas alrededor del Indio y a la continuidad simbólica de ese repertorio. Porque aunque Solari ya no ocupa físicamente el centro del escenario, sigue siendo el núcleo emocional de la ceremonia.

Aparece en videos, en grabaciones, en hologramas y, sobre todo, en las miles de remeras negras que dominaron el anfiteatro durante toda la noche.

Todos a los botes!

La previa también tuvo un fuerte color local. Mientras todavía quedaban rastros de luz natural sobre el predio, el payador Nico Membriani abrió la jornada con una mezcla de payada, chamamé y sapucais. Durante algunos minutos, la cultura ricotera convivió con el espíritu tradicional del festival folklórico que identifica históricamente al lugar.

Con la llegada del frío nocturno, el campo terminó de llenarse. Media hora antes del inicio ya no quedaban espacios vacíos frente al escenario. Desde los parlantes sonaban clásicos de La Renga, Viejas Locas, Las Pelotas y Callejeros mientras el público terminaba de acomodarse. Todas canciones que conviven dentro de esa “cultura rock” de la que alguna vez habló el propio Indio.

Cuando las luces finalmente se apagaron, el anfiteatro explotó. Tras la introducción con la canción de guerra sioux, se oyó: “Damas y caballeros, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado”. Entonces comenzó el recital con El que la seca la llena y un Indio virtual dominando las visuales.

La puesta escénica volvió a ser uno de los grandes puntos fuertes del grupo. Pantallas gigantes, caricaturas del Indio, posters intervenidos y obras de arte proyectadas acompañaron cada canción y ayudaron a construir una atmósfera profundamente ligada al imaginario ricotero.

Indio también apareció caricaturizado en Toxi Taxi, a modo de dibujo tipo historieta y también en Amnesia, mostrándose bajo un aguacero como dicta la lírica de ese tema.

La banda conformada por Gaspar Benegas, Baltasar Comotto, Pablo Sbaraglia, Fernando Nalé, Ramiro López Naguil, Déborah Dixon, Luciana Palacios, Sergio Colombo y Miguel Tallarita es estupenda. Todos brillan como una especie de selección nacional de músicos elegida por Solari para sostener una de las obras más importantes de la historia del rock argentino.

Pero hay algo que inevitablemente expone los límites del proyecto en vivo. La voz y la presencia escénica de Solari fueron siempre demasiado determinantes y esa ausencia todavía pesa sobre el escenario. Claro que reemplazarlo es imposible. Sin embargo, mientras la banda se mueve con naturalidad en las canciones del repertorio solista, parte del material de Los Redondos parece perder algo en la interpretación.

Mística, tensión, dramatismo o simplemente esa sensación irrepetible que convertía cada actuación del Indio en un acontecimiento propio.

En ese sentido, Gaspar Benegas logra sostener mejor el espíritu de algunas canciones, mientras que Déborah Dixon y Luciana Palacios aportan momentos de enorme potencia vocal. Distinto es el caso de Pablo Sbaraglia, que por momentos no termina de sostener el peso simbólico que ciertas canciones exigen.

Poco parece importarle eso al público, que abajo poguea como si no hubiera un mañana y convierte cada recital en una fiesta popular. Aunque, esta vez, sí resultó notoria la diferencia de intensidad entre las canciones de Los Redondos y las del repertorio solista.

Casi todos cantaron El pibe de los astilleros, Salando las heridas, El infierno está encantador esta noche, pero no muchos lo hicieron con ¿Por qué será que Dios no me quiere?, Vino Mariani y Sopa de lágrimas, por ejemplo.

La obra ricotera es tan vasta que muy pocos conocían Rato Molhado o De aquellos polvos futuros lodos, un inédito de los años '80 que se valora que hayan traído al sonido que tiene la banda actualmente. Que hayan incluido ambas enaltece la lista preparada para Jesús María.

Toda Cristina es política

No hubo mucho diálogo entre la banda y el público. Un saludo y una invitación a disfrutar, un pedido de aplauso para el Indio que estaba mirando la transmisión en vivo vía YouTube y un recordatorio de las siguientes fechas en Comodoro Rivadavia y Tucumán.

El show cerró de manera emotiva con canciones directas al corazón: To Beef or not to beef, Mi genio amor (gran inédito recuperado), Flight 996 y Había una vez. La cámara captó muchos primeros planos con gente llorando en esas canciones. También hubo algunos inconscientes que prendieron bengalas, pero nadie les siguió la joda. De hecho, se les recriminó que las hayan encendido.

Con el Indio yendo y viniendo de las visuales en las pantallas, estas tuvieron un gran peso en la noche. Cuando sonó Todo preso es político, mostraron el ya reconocido edificio de San José 1111, donde Cristina Fernández de Kirchner cumple su prisión domiciliaria.

El cierre, como siempre, fue con Ji ji ji, el pogo más grande del mundo sacudió el José Hernández y con fuegos artificiales y luces prendidas, el público se retiró lentamente del predio.

La banda seguirá girando y homenajeando al Indio Solari. La mística durará hasta que la gente lo decida. Y, por ahora, les está saliendo bien.

 

DEJANOS TU COMENTARIO

Top Semanal

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

LOCALES

NACIONALES

INTERNACIONES

DEPORTES

SOCIEDAD

FARÁNDULA