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El Pontífice encabezó el rezo del Sábado Santo en el Vaticano por primera vez. Reiteró sus llamados a la paz y contra las ansias de dominio
Sábado 04 de Abril de 2026
21:21 | Sábado 04 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El Papa León XIV exhortó este sábado de gloria a “no dejar que nos paralicen las losas de la guerra, la injusticia y el aislamiento entre los pueblos” en su mensaje en la Vigilia Pascual, un momento particularmente solemne de la Semana Santa.
En un ambiente de total recogimiento, el pontífice recordó que la llamada “madre de todas las vigilias” revive “el memorial de la victoria del Señor de la vida sobre la muerte y el infierno”.
“Esta noche santa hunde sus raíces también allí donde se consumó el primer fracaso de la humanidad y se extiende a lo largo de los siglos como camino de reconciliación y de gracia”, rememorando la muerte y resurreción de Jesucristo.
“El hombre puede matar el cuerpo pero la vida de Dios es vida eterna. Va más allá de la muerte y ningún sepulcro lo puede aprisionar”, afirmó.
El Papa Robert Prevost lamentó que “tampoco faltan en nuestros días sepulcros que abrir y a menudo las piedras que los cierran son tan pesados y están tan bien vigiladas que parecen inamovibles”.
Cardenales y obispos participaron este sábado de la Vigilia de Pascua, en la Basílica de San Pedro, en el Vaticano. Foto: AP
“Algunas oprimen el corazón del hombre, como la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor. Otras, consecuencia de las primeras, rompen los lazos entre nosotros como la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblo y naciones”, continuó el pontífice. Y a continuación, exclamó: “¡No dejemos que nos paralicen”.
Destacó el ejemplo de muchos hombres y mujeres, “personas como nosotros, fortalecidos por la gracia del Resucitado, que a lo largo de los siglos han removido las piedras aún a costa de su vida, pero con frutos de bien de los que hoy nos beneficiamos”.
Esta noche se vivió como siempre el Sábado Santo, que es ante todo el día del Misterio de Pascua en el que “todo parece inmóvil y de gran silencio, mientras se cumple una invisible acción de salvación. Cristo desciende al reino de los infiernos para llevar el anuncio de la resurrección a todos aquellos que estaban en las tinieblas y en la sombra de la muerte”. Estas palabras León XIV no las dijo este sábado sino hace un año en una catequesis, poco después de ser elevado al pontificado por el Cónclave.
Una jornada en la que la Iglesia calla, no hay misa ni celebraciones, predomina el silencio, hasta que esta noche, durante la vigilia pascual, se festejó “el evento más grande de la historia”: la Resurrección de Cristo, que mañana domingo, “en la alegría de la Pascua”, vivirá la jornada final de la Semana Santa.
El Sábado Santo es ante todo misterio, espera y alegría final hacia la medianoche.
Durante la jornada no hay misas ni ninguna otra celebración. Ningún discurso, domina el sentido del vacío y la aparente derrota despojada de consuelo, atravesada por la oscuridad de las grandes pruebas en las que no hay salida.
La basílica de San Pedro mostró este clima oscuro cuando el Papa inició la ceremonia, un rito en una Basílica cargada de mística que guía a los fieles desde la oscuridad hacia la luz.
El Papa encendió el cirio Pascual y una candela más pequeña que lo acompañó en sus desplazamientos hasta que se encendieron las luces fe la basílica.
Los ritos de la Semana Santa comenzaron con la misa del Jueves Santo, que marca el inicio del Triduo Pascual, el período central de la Pascua.
En la ceremonia se conmemora la institución del sacramento fe la orden sacerdotal por Jesucristo durante la Última Cena. Está dedicada a la renovación por parte de los sacerdotes de los votos de pobreza, castidad y obediencia.
En su homilía, el pontífice lamentó que la misión evangelizadora haya sido “no pocas veces trastocada por lógicas de dominio totalmente ajenas al camino de Jesucristo”.
El Papa Francisco destacó que la labor de la Iglesia “comienza con la reconciliación de nuestros orígenes y por hacer las paces con el pasado sin quedar prisionero de él”.
“El amor es verdadero si esta desarmado porque necesita pocas cosas, ninguna ostentación y custodia con delicadeza la debilidad y la desnudez”, afirmó.
Insistió también a los religiosos afirmando que no hay una buena nueva para los pobres si acuden “con signos de poder”, ni hay una auténtica liberación sin liberarse de la posesión.
El Papa citó también al mártir salvadoreño Oscar Arnulfo Romero y cardenal estadounidense Joseph Bernardin como ejemplos de entrega, incluso ante la muerte y el fracaso.
Dijo también que “en esta hora oscura de la historia Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor a la muerte”.
En la ceremonia se bendijeron los óleos de los catecúmenos, el de los enfermos y del crisma, que de ulilizan en los bautismos, confirmación y unión de los enfermos.
En la tercera fase de la celebración de esta noche el Papa también bautizó a diez adultos, siguiendo la tradición de lo primeros siglos de la Iglesia.
El Papa León XIV, rodeado de fieles en el Vaticano, este sábado. Foto: REUTERS
Misterio y vigilia
La Basílica de San Pedro, durante la misa del Sábado Santo. Foto: AP
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