12:49 | Lunes 11 de Mayo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El empleo privado se desploma día a día y el Gobierno vende futuro como si fuera presente. La postal de la vida diaria es brutal: negocios que se cierran, changas que no alcanzan y una economía que se enfría minuto a minuto. Sólo el discurso oficial es el que sube la temperatura… pero es sólo en palabras
.
Hace tres años que repiten la misma promesa: “señores, la reforma va a revertir la tendencia”. Pasaron tres años. No se revirtió nada; es más, se profundizó la caída del empleo. Y mientras tanto, los que sostienen el día a día —comerciantes, pymes, trabajadores— hacen malabares para tratar de no caer.
Lo triste es que ganaron en casi todo el país. Tienen poder, estructura y mayoría. Entonces la pregunta es inevitable: ¿dónde están los resultados que ustedes ven? ¿Cuáles son los indicadores que muestran que estamos mejor, según ustedes?
No más discursos.
No más PowerPoint.
No más Excel.
El ajuste no fue quirúrgico, fue a mansalva. Pegó en los jubilados, en personas con discapacidad, en universidades y en docentes. Cuando el recorte avanza sobre los que menos tienen, ya no es economía: es una decisión política.
Y lo más preocupante no es sólo lo que pasa, sino lo que no pasa: la reacción.
¿Un silencio incómodo?
¿Es miedo?
¿Es hartazgo?
¿O es la sensación de que nadie está escuchando?
Mientras tanto, algunos quieren construir figuras, ensayan discursos grandilocuentes y reciclan relatos. Pero en la calle no se compran relatos: se compra comida, se pagan cuentas o se queda uno afuera. Y cada vez son más los que quedan afuera.
En la Argentina y en La Rioja no hacen falta más promesas ni slogans. Hace falta laburo. Hacen falta certezas. Hace falta que dejen de ajustar.
Porque cuando el empleo cae y el poder sobra, ya no hay excusas. Hay responsables.