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Las encuestas hunden a Trump, pero es poco probable que cambie de rumbo
Lunes 03 de Agosto de 2026
16:19 | Lunes 03 de Agosto de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Tras una serie de encuestas desfavorables a principios del verano boreal, el presidente Donald Trump simplemente declaró que no eran ciertas. “MIS VERDADERAS CIFRAS EN LAS ENCUESTAS SON LAS MÁS ALTAS QUE HAN SIDO JAMÁS”, escribió en las redes sociales, usando letras mayúsculas como si estas pudieran ahuyentar a gritos cualquier dato contrario.
De hecho, sus verdaderas cifras en las encuestas están en el nivel más bajo que jamás hayan tenido, o cerca de este, en algunos sondeos no partidistas. Una ráfaga de nuevas muestras en los últimos días reveló que Trump se encuentra en el punto más bajo de su presidencia, con el apoyo de apenas alrededor de un tercio de los estadounidenses, mientras una guerra estancada en Irán y los altos precios de la gasolina pasan una factura política.
Las encuestas más recientes indican que Trump es ahora prácticamente el presidente más impopular en un segundo mandato a estas alturas de su periodo en la historia de las encuestas, que se remonta a la década de 1940. La única excepción no es una que le daría mucho consuelo a Trump: Richard M. Nixon tenía incluso menos apoyo público a estas alturas de su segundo mandato, pero en ese momento estaba a apenas unos días de renunciar por el escándalo Watergate.
Este tipo de cifras en las encuestas haría que una Casa Blanca normal entrara en modo de pánico, en especial al llegar solo tres meses antes de las elecciones intermedias de este otoño. Alguien podría ser despedido. Se podría escribir un discurso. Se podría idear un nuevo conjunto de políticas. Pero Trump nunca ha sido un presidente normal, y no reacciona ante las circunstancias políticas de la misma manera que lo han hecho sus predecesores. A través de la fuerza de voluntad y el control sobre su base MAGA, tradicionalmente ha sabido jugar bien una mano débil.
Aun así, las cifras más recientes son particularmente desalentadoras y tienen cada vez más nerviosos a los republicanos, que temen una ola demócrata que podría costarles la Cámara de Representantes y posiblemente incluso el Senado en noviembre. Trump cuenta con el respaldo de apenas el 34 por ciento de los estadounidenses en la encuesta más reciente de CNN, igualando su punto más bajo justo después del ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021. Tuvo la aprobación de apenas el 33 por ciento en una nueva encuesta de AP-NORC, con lo que iguala su nivel más bajo desde 2017, y del 32 por ciento en los datos de la Universidad Quinnipiac, cayendo a un mínimo histórico en ese sondeo.
El reto para Trump y los republicanos es que el presidente tiene una desaprobación mayoritaria en casi todos los temas, incluidas áreas en las que históricamente había sido más fuerte, como la economía y la inmigración. En cuanto a la guerra en Irán, ya era la única guerra de Estados Unidos en la historia de las encuestas que más estadounidenses rechazaron desde un inicio, y el poco respaldo que había se ha desplomado todavía más, con los votantes ahora en contra por un margen de 2 a 1.
Además, la preocupación de los republicanos no es solo que los votantes desaprueben la gestión de Trump, sino que la desaprueben con fuerza, lo que sugiere que estarían más motivados que los leales a Trump para acudir a votar este otoño.
“Esas personas van a votar”, dijo Douglas B. Sosnik, quien fue director político de la Casa Blanca y alto asesor de Clinton. “Y los republicanos que no son MAGA no están motivados para salir a votar”.
Dicho esto, la política ya no es lo que era antes. La forma en que hoy se trazan los distritos de la Cámara de Representantes hace que haya menos distritos genuinamente competitivos, lo que sugiere que incluso una fuerte ola demócrata podría no generar tantos escaños nuevos como habría generado en el pasado. Eso se ha reforzado todavía más con una ola de redistribución de distritos a mitad de década en los últimos meses.
“Es cierto que los números de Trump en las encuestas están en el punto más bajo de cualquier presidente en el periodo previo a unas elecciones intermedias”, dijo Sosnik. Pero agregó: “Creo que la política ha cambiado tanto que hay que poner en contexto la desaprobación de Trump, cómo se compara con la de otros presidentes y cómo esto va a afectar los resultados electorales”.
“Lo que es más importante”, dijo, “los republicanos están mucho más protegidos que en el pasado debido a los cambios estructurales en la política estadounidense impulsados por la polarización política y la educación como la nueva línea divisoria en la política estadounidense. Simplemente hay muchos menos estados y distritos competitivos, lo que limitará el tamaño de la ola azul”.
Kristen Soltis Anderson, una encuestadora republicana, dijo que la polarización política significa que “la aprobación del desempeño se mueve en un margen estrecho en estos días” en comparación con el pasado. “Un nivel de aprobación de poco más del 40 por ciento, o incluso de casi el 40 por ciento, ya no es la catástrofe política que habría sido hace dos o tres décadas”, dijo. “Los presidentes apenas empiezan con un 50 por ciento de entrada”.
“Pero”, añadió, “si las cifras de poco más del 30 por ciento son precisas, significa que partes de la coalición han comenzado a desprenderse. En ese punto ya no se está perdiendo solo a los votantes indecisos”.
Trump tiene que contar con que la oposición desperdicie su ventaja. “Lo mejor que tienen a su favor los republicanos es que el Partido Demócrata está lidiando con sus propios problemas y no tiene un mensaje claro además de ‘Trump es malo’”, dijo. “Sin embargo, si el panorama realmente se mantiene tan sombrío, eso podría bastar”.
La Casa Blanca no se refirió a las encuestas del presidente en respuesta a una solicitud de comentarios, pero presumió su historial. “Ningún otro presidente en la historia ha logrado más por los estadounidenses trabajadores que el presidente Trump, quien trabaja incansablemente para crear empleos, enfriar la inflación, aumentar la asequibilidad de la vivienda y mucho más”, dijo Davis Ingle, un portavoz de la Casa Blanca. “El presidente ya ha logrado avances históricos no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo, y esto es solo el comienzo, ya que su agenda sigue entrando en vigor”.
El propio Trump ha dejado claro que ve una realidad distinta a la que ven la mayoría de los encuestadores independientes y los estrategas políticos de ambos partidos, y que desconfía de los resultados que no le son favorables.
“Las encuestas son muy deshonestas, al igual que muchos reporteros”, les dijo a los periodistas durante una conferencia de prensa en la cumbre del Grupo de los Siete en Francia en junio. Una semana después, afirmó en su red social que sus índices de aprobación eran “LOS MÁS ALTOS QUE HAN SIDO JAMÁS”.
Dos días después, el 26 de junio, citó una encuesta realizada por sus propios encuestadores que ubicaba su índice de aprobación en un 50 por ciento. No satisfecho con eso, luego se dio a sí mismo otros 15 puntos. “¡Otras encuestas tienen mi índice de aprobación en un 65 por ciento y más!”, escribió. “¡Al igual que los periodistas, los encuestadores honestos son muy raros y difíciles de encontrar!”.
Un par de semanas después, pareció inventar otra cifra, aunque incluso en su propia versión su apoyo público estaba cayendo. “59% de índice de aprobación”, escribió el 12 de julio, seis puntos menos que su índice afirmado anteriormente. “Los precios están bajando junto con la caída del petróleo y el gas”. En ninguno de los casos citó una encuesta real con esas cifras. Y el precio del petróleo ha subido desde entonces.
Crea o no en esas cifras, Trump se ha empeñado en actuar como si fuera popular incluso cuando no lo es. Y debido a su comprobada capacidad para castigar a los legisladores republicanos en las elecciones primarias, ha logrado mantener a su partido a raya la mayor parte del tiempo.
En Washington, la pregunta es si ese control está comenzando a desvanecerse en medio de la resistencia republicana en el Capitolio a su plan de entregar 1800 millones de dólares en dinero de los contribuyentes a sus partidarios que afirman haber sido maltratados por el gobierno de Biden y a su nominación de Todd Blanche como fiscal general.
Los observadores políticos ya lo han dado por acabado antes, solo para verlo sobrevivir al tipo de controversias y cifras de encuestas que paralizarían a otros políticos. Parece no inmutarle las súplicas de los republicanos que quieren que ponga fin a la guerra en Irán y se enfoque más en la asequibilidad. En cambio, sigue adelante con proyectos para su legado, como un nuevo salón de baile en la Casa Blanca y un arco triunfal, sin importar cuánto sugieran las encuestas que los votantes no están tan entusiasmados.
“Él es YOLO”, dijo Heye, usando las iniciales en inglés de “Solo se vive una vez”. “No se queda pensando: ‘Vaya, mis poderes se han debilitado por esto’. Es parte de por qué fue reelegido y por qué es inmune a algunos escándalos”.
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Peter Baker es el corresponsal principal de la Casa Blanca para el Times. Está cubriendo su sexta presidencia y a veces escribe artículos de análisis que ponen a los presidentes y sus gobiernos en un contexto y marco histórico más grandes.
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