Sociedad

Una óptica regaló miles de anteojos tras la inundación en Bahía Blanca y ahora volvió a sorprender con otra idea solidaria

Después de ayudar a vecinos que lo habían perdido todo en el temporal de marzo de 2025, un comerciante de Bahía Blanca sacó cientos de lentes de sol de marca a la vereda para ser tomados con una sola condición.

Lunes 17 de Agosto de 2026

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09:22 | Lunes 17 de Agosto de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Bahía Blanca conoce de cerca el valor de la solidaridad. En los últimos años, la ciudad fue puesta a prueba una y otra vez. Primero fue la pandemia, cuando cientos de familias necesitaron ayuda para atravesar la crisis. Después llegó el devastador temporal del 16 de diciembre de 2023, que dejó 13 muertos y una ciudad destrozada por ráfagas de viento históricas. Apenas 15 meses más tarde, la inundación del 7 de marzo de 2025 volvió a cambiarlo todo: barrios enteros quedaron bajo el agua, miles de vecinos perdieron sus pertenencias y algunas escenas todavía permanecen en la memoria colectiva.

En ese contexto, José Gabriel Tedesco sintió que no podía quedarse de brazos cruzados. No era bombero, rescatista ni médico. Era óptico. Y decidió ayudar desde el lugar que mejor conocía: devolverles la posibilidad de ver a quienes, además de haberlo perdido casi todo, también se habían quedado sin sus anteojos.

Aquella experiencia no solo marcó a cientos de familias. También transformó para siempre su manera de entender la solidaridad.

Hoy, más de un año después de aquella tragedia, volvió a sorprender con una iniciativa tan sencilla como ingeniosa. En la puerta de una de sus ópticas, en la esquina de Fitz Roy y Saavedra, acomodó decenas de anteojos de sol de primeras marcas sobre una mesa, al alcance de cualquiera. Al lado, un cartel explica la única condición para llevárselos: “Déjanos un alimento no perecedero o un producto de higiene personal y llévate un par de anteojos de sol”.

No hay promociones escondidas ni obligación de comprar nada. Solo una propuesta que convierte un producto que ya no tenía salida comercial en ayuda concreta para quienes más la necesitan.

En las inundaciones de Bahía Blanca de 2025, José encontró una forma de ayudar: regalar anteojos a los damnificados que los habían perdido. (Foto: Reuters)
En las inundaciones de Bahía Blanca de 2025, José encontró una forma de ayudar: regalar anteojos a los damnificados que los habían perdido. (Foto: Reuters)

Tedesco lleva más de tres décadas trabajando como óptico y tiene diez comercios en Bahía Blanca. En los depósitos se habían ido acumulando cientos de lentes de temporadas anteriores. Son anteojos de marca, muchos con cristales polarizados, que simplemente dejaron de venderse porque aparecieron nuevos modelos. “Pensé que antes de liquidarlos o venderlos baratos, prefería regalarlos y que sirvieran para ayudar a alguien”, cuenta.

La idea, en realidad, tiene una historia detrás: cuando la inundación del 7 de marzo de 2025 arrasó con la ciudad, una imagen quedó grabada para siempre en su memoria. Vio a una mujer mayor llorando porque el agua se había llevado los lentes que necesitaba para ver. “Pensé que yo podía hacer algo. Tengo una fábrica de cristales y la posibilidad de dar una respuesta”, recuerda.

Ese mismo día publicó un mensaje ofreciendo mil pares de anteojos gratuitos para los damnificados. La respuesta fue inmediata. Llegaron unas 1200 personas y, cuando el local estaba por cerrar, todavía seguían golpeando la puerta.

Entonces hizo otra cosa que le salió naturalmente: levantó el teléfono y llamó a proveedores de Buenos Aires para pedirles ayuda. Entre todos lograron ampliar la campaña y terminaron entregando cerca de 3000 anteojos a vecinos que habían perdido absolutamente todo.

Ésta vez, José propuso entregar un par de anteojos de sol por un alimento no perecedero o un artículo de higiene personal. (Foto: gentileza José Gabriel Tedesco)
Ésta vez, José propuso entregar un par de anteojos de sol por un alimento no perecedero o un artículo de higiene personal. (Foto: gentileza José Gabriel Tedesco)

Aquella experiencia le confirmó que, aun en los momentos más difíciles, siempre hay una manera de tender una mano. Por eso esta vez decidió volver a hacerlo, aunque de otra forma: “Lo hice de corazón. Yo suelo regalar muchos anteojos todos los días. Es parte de mi forma de ser”, dice, casi restándole importancia.

Antes de sacar los anteojos a la calle, llamó a Cáritas para preguntar qué era lo que más necesitaban. Después se comunicó con el Cottolengo. Mientras la organización parroquial pidió alimentos no perecederos, desde el hogar le explicaron que atravesaban una falta importante de productos de higiene personal.

Con esa información armó la campaña y simplemente esperó. No hizo publicidad. No contrató una agencia. Ni siquiera publicó grandes anuncios en redes sociales. Solo colocó el cartel en la puerta de la óptica y dejó que la propuesta hablara por sí sola.

La respuesta volvió a sorprenderlo. Al finalizar el primer día, una Fiorino de Cáritas se retiró completamente cargada de mercadería. “La verdad es que me llamó muchísimo la atención. La gente respondió enseguida. Y eso que solamente pusimos el cartel afuera”, cuenta.

La campaña recién empieza y todavía quedan muchísimos lentes para entregar. Calcula que podrá sostenerla durante varias semanas y espera que cada par se transforme en un paquete de arroz, una leche larga vida, un jabón, un shampoo o un cepillo de dientes para quienes hoy más lo necesitan.

En las inundaciones de Bahía Blanca, José entregó 3000 anteojos. (Foto: gentileza José Gabriel Tedesco)
En las inundaciones de Bahía Blanca, José entregó 3000 anteojos. (Foto: gentileza José Gabriel Tedesco)

Lo único que le cuesta aceptar es el reconocimiento: “No me gusta salir en los medios. Nunca hice publicidad de lo que hago”, insiste.

Sin embargo, esta vez aceptó contar la historia por un motivo muy concreto: que más personas conozcan la campaña y se acerquen a colaborar. “Quiero que la gente venga a buscar un anteojo y deje una donación. El reconocimiento tiene que ser para ellos, no para mí. Son ellos los que están ayudando”, asegura.

Después baja la voz y resume todo en una frase que explica por qué hace lo que hace desde hace tantos años: “Dios ya me dio demasiado. Soy un agradecido. Si puedo ayudar, ayudo. Esa es toda mi finalidad”, dice.

Hasta ahora, la apuesta viene funcionando. Porque cada lente que desaparece de esa mesa deja, en su lugar, un alimento o un producto de higiene que llegará a alguien que lo necesita. Y, en una ciudad que aprendió a levantarse una y otra vez después de la adversidad, ese pequeño gesto vuelve a confirmar que la solidaridad sigue siendo una de las mejores formas de reconstruirse.

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