Sociedad

La nueva previa al boliche: tienen menos de 21 años y van al casino para intentar “pagarse” la noche

Llegan en grupos, aprovechan bonos y buscan arrancar el fin de semana con plata extra. Algunos cuentan que se ponen límites, mientras otros reconocen que conocen casos cercanos de jóvenes que perdieron el control con las apuestas.

Martes 22 de Septiembre de 2026

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08:34 | Martes 22 de Septiembre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Es viernes a la noche y la salida todavía no empezó. En la puerta del Casino Buenos Aires, en Puerto Madero, jóvenes se encuentran, esperan a sus amigos y hacen cuentas. No todos llegaron con la intención de pasar horas frente a una ruleta. Para varios, el casino es apenas la primera parada de la noche. Una especie de previa antes del boliche, con una diferencia clave respecto de cualquier bar: si tienen suerte, pueden salir con más plata de la que tenían cuando llegaron.

La escena se repite entre jóvenes, mayormente menores de 21 años, que hablan de bonos, límites y de una idea que aparece como denominador común: intentar jugar sin poner —o poniendo lo menos posible— dinero propio. Si ganan, la plata puede terminar financiando la salida. Si pierden, la noche debería continuar igual.

“Nos enteramos que regalan bonos, que son $20.000 para jugar. Y venimos un rato para, en una de esas, pegarle un poquitito y ganar un poco”, explicó Agustín, de 20 años, a TN.

La cuenta que hace es sencilla. Si el dinero inicial no salió de su bolsillo y la suerte acompaña, una noche que arrancó con un bono puede terminar dejando plata para el resto del fin de semana. “Si para salir un poco de joda un viernes ponés plata que no ponés vos, por ahí en una de esas pegás mucho y terminás ganando más”, agregó.

En su grupo, incluso, la ganancia tiene un destino bastante concreto. “Te sale el finde, ya tirás el fin de semana con lo que saqué de acá”, dice uno de sus amigos.

Una previa distinta: amigos, tragos y apuestas

Nicolás, de 19 años, e Iván, de 20, describen una dinámica parecida. No necesariamente llegan con la idea de jugar grandes cantidades. Se encuentran con sus amigos, toman algo, conversan y aprovechan el bono del casino.

“Venimos a hacer plata. Si ganamos, ganamos. Si no, nos vamos y salimos igual”, dijo Nicolás. En su grupo hay una regla: mientras tengan un bono disponible, no usan dinero propio.

La idea que une a varios grupos de desconocidos es pasar un rato antes de seguir hacia el boliche. “Para nosotros es más o menos una previa. Tomamos un poco, charlamos, estamos con amigos y después ya nos vamos al boliche”, agregó Iván.

Cuando no hay un bono, el grupo también tiene una estrategia: juntar una cantidad determinada entre todos y ponerle un límite a la apuesta. “Decimos: no sé, $15.000. Bueno, esto es como una entrada al casino y jugamos solo con eso y prometemos no meter más”, precisó Nicolás.

“Ponemos un fondo que no nos cuesta nada perder porque sabemos que lo más probable es que lo perdamos. Y si ganamos, ganamos, todo perfecto. Y si perdemos, no implica ninguna repercusión en la noche”, explicó Iván.

Pero justamente ahí aparece la primera contradicción: el límite parece claro cuando se entra al casino, aunque puede volverse más difícil de sostener cuando la apuesta empieza a dar ganancias.

Nicolás y Franco, ambos de 19 años, llegaron esa noche con la misma intención: aprovechar el bono y no poner plata propia. Franco dijo que, para ellos, el objetivo no es quedarse jugando toda la noche. “No somos de meter plata, sino de pasar una linda noche, estar bien, estar con nuestros amigos, reírnos un rato, charlar, pasarla linda”, explica.

Pero también reconoce que la propia dinámica puede empujar a seguir. La dificultad aparece cuando una primera ganancia cambia la percepción del dinero que se está jugando.

“Es muy fácil caer. Está todo hecho para eso. El bono este, ya de por sí, cuando vos tenés la ganancia y decís ‘estoy dulce’, gané, me dieron 20 lucas, no puse $0 y en la nada saco 50, me dan ganas de ver qué onda para más”, contó Franco.

La ludopatía, un riesgo que también los preocupa

La palabra aparece durante la charla cuando se les pregunta por la relación entre los jóvenes y el juego. Aunque los entrevistados aseguran que intentan ponerse límites, también reconocen que saben de casos de amigos que tuvieron problemas con las apuestas y que ellos mismos alguna vez se dejaron llevar por la sensación de estar ganando.

La preocupación no es solamente por lo que pueda pasarles a ellos. Franco cuenta que tuvo amigos de la secundaria y del club que estaban muy involucrados con las apuestas online y que intentó ayudarlos a dejar de jugar.

En su relato, contó que en esos casos el problema era que utilizaban dinero que necesitaban para otros gastos y terminaban apostándolo con la expectativa de recuperar o multiplicar lo perdido.

“Era plata que les daban sus papás, que era para la semana, capaz que para comprarse la comida, para pagar la SUBE. Era plata que necesitaban para pasar bien el mes y se la iban gastando en cosas para tratar de ganar más, que también después perdían”, explica Franco.

Fabián tiene 26 años y cuenta una experiencia diferente. Para él, ir al casino puede ser una salida en sí misma. Se encuentra con amigos, toma algo y, si tiene dinero disponible, juega.

“Yo acá juego al casino cuando tengo la posibilidad, realmente con algún tipo de dinero que tenga disponible para perderlo. Una suerte de salida, como si fuera cine o ir a comer, en la cual voy a disponer de tal dinero ante la posibilidad de que tal vez lo recupere o gane”, explicó.

Sin embargo, admite que perder más de lo que había decidido gastar puede afectarlo emocionalmente. “Si llego a perder cierta parte, un poco más de lo que siento que podría llegar a jugar, me produce una sensación muy poco grata”, manifestó.

La escena que describen los jóvenes tiene entonces dos caras. Está el bono que permite jugar sin sacar dinero del bolsillo, el grupo de amigos y la idea de hacer una parada antes del boliche. Pero también está la posibilidad de que ese juego controlado deje de serlo cuando aparece una pérdida que se quiere recuperar o una ganancia que invita a seguir.

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