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Cuatro años de la retirada de Afganistán: el espejo incómodo de Estados Unidos

Se cumplen cuatro años de la retirada de los Estados Unidos de Afganistán: cómo fue la situación en aquel entonces y qué cambió internamente.

Sábado 30 de Agosto de 2025

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22:05 | Sábado 30 de Agosto de 2025 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Un día como hoy, pero de 2021, Estados Unidos retiraba su último avión militar modelo C-17 que despegó a la medianoche del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai de la ciudad de Kabul en Afganistán. Ese despegue final representó el fin de una era, que fue comparada a lo largo del mundo con el final de la guerra de Vietnam en 1975.
 
La misión, que llegó a su fin el 30 de agosto de 2021, duró 19 años, 10 meses y 23 días. La operación Libertad Duradera, que tenía como objetivo destruir la red de la organización terrorista Al Qaeda, comenzó el 7 de octubre de 2001, un mes después del ataque a las Torres Gemelas.
 
“Sin embargo, Al Qaeda y los talibanes escaparon hacia la frontera en Pakistán”, recordaba el exsubsecretario de Defensa de EE.UU. durante la administración Reagan y exoficial de la Marina, Bing West, en su documento La salida de Afganistán. “En lugar de perseguirlos, Estados Unidos permaneció en Afganistán, prometiendo crear una nación fuerte y democrática que evitaría el regreso de los terroristas”.
 
Cuatro años después, el balance muestra que las cosas se dieron de forma muy distinta a lo planeado.
 
 
El momento en que un avión de los Estados Unidos despegaba de Afganistán durante el momento de la retirada en agosto de 2021.
 
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El fin de una era: cómo se vivió la retirada de los Estados Unidos de Afganistán
En aquel momento, el retiro se produjo en medio de una ciudadanía cansada de las “guerras eternas”, la polarización tras las elecciones de 2020 y el impacto de la pandemia. Según la especialista Carolina Lazzaroni, especialista en cooperación internacional y excoordinadora de Cooperación Bilateral del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, “Biden buscaba cerrar definitivamente Afganistán para concentrar recursos en China y en la recuperación interna”.
 
Siguiendo a Lazzaroni, la sociedad estaba mayoritariamente de acuerdo con poner fin a la guerra más larga de la historia de EE.UU., pero la caótica evacuación y los atentados en Abbey Gate marcaron negativamente la percepción pública.
 
Hoy, el escenario político es otro. Con Donald Trump nuevamente en la Casa Blanca, el enfoque doméstico cambió: “la prioridad está en el control migratorio y en recortar compromisos internacionales”, advierte Lazzaroni, algo que se refleja en la suspensión del programa de reasentamiento de refugiados afganos y en la reducción de la asistencia humanitaria.
 
 
La politóloga y directora de la Escuela de Política y Gobierno en la Universidad Católica Argentina, Lourdes Olivera, coincide en que el contraste es claro: “El Trump del 21 no es el Trump del 25. Ahora es un Trump con mucho más poder doméstico y conocimiento del Estado, con un Partido Demócrata debilitado”.
 
En ese sentido, el debate sobre Afganistán quedó rápidamente relegado, en comparación con lo que significó la retirada de Vietnam en 1973 para los Estados Unidos, ya que “Vietnam fue más traumático para los americanos”, dice Olivera, “Afganistán se olvidó rápido, porque hubo menos muertos y aparecieron nuevos temas, como Ucrania e Israel, que ocuparon la centralidad”.
 
Cómo quedó parado Estados Unidos frente al mundo
La retirada impactó en la credibilidad de Estados Unidos. “Fue un golpe inmediato al prestigio estadounidense: muchos aliados cuestionaron la falta de coordinación y previsión”, advirtió Lazzaroni.
 
Olivera consideró que el episodio dejó en evidencia los límites del poder estadounidense en un mundo multipolar, ya que “mostró que Estados Unidos ya no tiene la capacidad de incidir en todos los acontecimientos del mundo. Abrió margen para la incidencia de actores como China y Rusia”.
 
El especialista en Medio Oriente Said Chaya también apuntó a ese retroceso: “La fragilidad del escenario se observó en lo rápido que fue el colapso de las fuerzas leales a Estados Unidos. Se echó por la borda lo que en 20 años se había construido, porque los talibanes volvieron recargados”.
 
Soldados estadounidenses en Afganistán.
Soldados estadounidenses en Afganistán.
 
Afganistán después de la retirada
El regreso inmediato del Talibán significó un duro golpe para los derechos de mujeres y niñas, junto a un colapso económico que empujó a millones a la pobreza. “Parte de los fondos humanitarios aportados por EE.UU. fueron cuestionados por posibles desvíos hacia el Talibán”, subrayó Lazzaroni.
 
En la región, el reacomodamiento fue inevitable. Pakistán pasó de celebrar el retiro a sufrir ataques del Talibán Pakistaní, mientras que el auge del Estado Islámico-Khorasan evidenció que la amenaza terrorista seguía viva.
 
Las lecciones de Kabul
En el After Action Review, elaborado por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, expuso ciertas críticas hacia el accionar llevado adelante en Afganistán, como la falta de escenarios de peor caso, poca previsión sobre evacuaciones y debilidades en la comunicación pública.
 
Chaya considera que ese aprendizaje se trasladó a otros conflictos, debido a que “fruto de lo que se vio en Afganistán, en escenarios como Yemen se niegan a avanzar con una retirada total y mantienen mayor involucramiento. Eso es consecuencia de haber experimentado un retiro fallido en Afganistán”.
 
 
Por lo tanto, Afganistán no solo cerró la guerra más larga de los Estados Unidos, sino que se transformó en un espejo incómodo de la realidad tanto interna como externa del país, ya que dejó en evidencia el cansancio social y el costo político de las malas gestiones y mostró los límites del poder estadounidense en un mundo cada vez más multipolar.
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