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Sociedad
Una investigación con miles de escáneres cerebrales detectó que la organización de la materia blanca sigue cambiando de forma marcada mucho después de la mayoría de edad legal.
Lunes 20 de Abril de 2026
11:06 | Lunes 20 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Durante años, la idea de que la adolescencia termina cerca de los 18 o 21 años funcionó casi como una regla cultural. Es la edad en la que se habilitan derechos, responsabilidades y decisiones propias de la adultez. Sin embargo, un nuevo estudio volvió a correr esa frontera, al menos desde el punto de vista del cerebro.
La investigación, liderada por científicos de la Universidad de Cambridge y publicada en Nature Communications, analizó más de 4.000 escáneres cerebrales de personas de entre el nacimiento y los 90 años.
A partir de ese trabajo, los autores detectaron que la conectividad estructural del cerebro no cambia de manera lineal, sino en grandes etapas, con puntos de giro alrededor de los 9, 32, 66 y 83 años.
Según esa lectura, la fase adolescente del cableado cerebral se extendería hasta bien entrada la tercera década de vida.

La autora principal, Alexa Mousley, neurocientífica británica de la Universidad de Cambridge, explicó en un comunicado: “La adolescencia es la única etapa en la que esta eficiencia aumenta”. Y agregó que esa mejora en la eficiencia neuronal se prolonga “hasta bien entrados los treinta”, algo que sorprendió incluso a los investigadores.
El trabajo no midió madurez emocional, responsabilidad social ni capacidad para tomar decisiones. Lo que observó fue la evolución de la materia blanca, es decir, la red de conexiones que permite que distintas regiones del cerebro se comuniquen entre sí. Esa conectividad es clave para la atención, la memoria, el lenguaje y otras funciones complejas.
Los autores describen cinco grandes “épocas” del cerebro:
Una de las sorpresas fue que, luego de la adolescencia, el cerebro no queda congelado en una versión definitiva. También vuelve a reorganizarse más adelante, sobre todo a partir de los 60.
Duncan Astle, neurocientífico británico de Cambridge y coautor del trabajo, remarcó que comprender esos cambios puede ser útil porque “las diferencias en la conectividad cerebral predicen dificultades con la atención, el lenguaje, la memoria y una gran variedad de comportamientos”. Según planteó, ubicar mejor los momentos de mayor reorganización ayudaría a entender cuándo el cerebro puede ser más vulnerable a distintas alteraciones.
La frase más llamativa fue, sin dudas, la que sugiere que el cerebro no alcanza una organización “adulta” hasta alrededor de los 32 años. Pero ahí conviene hacer una pausa. El propio material de divulgación deja claro que el estudio se centra en una parte del cerebro, la sustancia blanca, y no demuestra por sí solo cómo cambian el pensamiento, la conducta o la madurez psicológica con el paso del tiempo.
En esa línea, Hillary Schwarb, neurocientífica cognitiva estadounidense de la Universidad de Nebraska-Lincoln, advirtió que la investigación “solo analiza una parte del cerebro, la sustancia blanca” y que no alcanza para explicar por sí misma cómo evolucionan el comportamiento o las emociones. Ese matiz es clave para no convertir un hallazgo científico serio en un eslogan simplista.
También Lucina Uddin, neurocientífica cognitiva estadounidense de la Universidad de California en Los Ángeles, consideró que el trabajo es “muy interesante” porque muestra que estos cambios parecen coincidir con grandes transiciones vitales. Es decir, no se trata solo de una rareza anatómica: podría haber relación entre el momento del desarrollo cerebral y ciertas etapas sensibles de la vida.
El hallazgo también dialoga con un dato preocupante. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, uno de cada siete adolescentes de entre 10 y 19 años atraviesa un trastorno mental. En ese contexto, entender mejor cuándo el cerebro está en plena reorganización puede ayudar a pensar estrategias de prevención, acompañamiento y detección más temprana.
De hecho, en el material compartido se menciona otra observación de Mousley: “Aproximadamente dos tercios de las personas que desarrollarán un trastorno de salud mental lo harán antes de los 25 años”. Aunque eso no significa que el cableado cerebral explique por sí solo todos los cuadros, sí refuerza la idea de que la adolescencia y la juventud son etapas particularmente sensibles.
En términos periodísticos, la noticia no es que una persona de 28 o 30 años siga siendo adolescente en el sentido cotidiano del término. La noticia es otra: el cerebro humano sigue afinando su red de conexiones durante mucho más tiempo de lo que se creía, y esa maduración prolongada podría influir en cómo se aprende, cómo se regula la conducta y en qué momentos aparecen ciertas vulnerabilidades.
Eso obliga a revisar ideas bastante instaladas. Tal vez la adultez no sea un interruptor que se prende de golpe al cumplir determinada edad, sino un proceso más largo, desigual y todavía lleno de zonas por estudiar.
Qué miró exactamente el estudio
Por qué el dato llamó tanto la atención
Salud mental, aprendizaje y una etapa más larga de lo esperado
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