La provincia registró 146 movimientos en lo que va del año. Los antecedentes de Jagüé, Villa Castelli, Patquía y Castro Barros evidencian la importancia de reforzar las medidas de prevención y preparación.
20:42 | Jueves 27 de Agosto de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La Rioja registra una actividad sísmica frecuente, aunque la mayoría de los movimientos no son percibidos por la población. Según informó David Barrera, director de Emergencia Socioambiental de la provincia, desde enero se contabilizaron 146 eventos sísmicos.
La cantidad de movimientos registrados no implica necesariamente que esté por producirse un terremoto de gran magnitud. Actualmente, la ciencia no permite determinar con precisión cuándo, dónde y con qué intensidad ocurrirá un sismo. Sin embargo, el monitoreo de la actividad geológica y las medidas de prevención permiten disminuir sus posibles consecuencias.
Una provincia con antecedentes sísmicos
La Rioja forma parte de la zona sísmica del oeste argentino, vinculada al proceso de subducción de la placa de Nazca bajo la Sudamericana. La peligrosidad, no obstante, varía según el sector de la provincia, con mayores niveles en el oeste y categorías inferiores en distintas áreas del centro y este.
Los registros históricos muestran que los terremotos forman parte de la historia provincial. En 1899, un sismo provocó graves daños en Jagüé y Vinchina y dejó 11 víctimas fatales. Décadas después, en 1957, otro movimiento afectó localidades como Villa Castelli, Vinchina y Villa Unión.
En 1977, un nuevo sismo produjo daños en construcciones de adobe en Patquía y San Ramón. El antecedente más reciente de mayor relevancia ocurrió el 28 de mayo de 2002, cuando un movimiento con epicentro en Castro Barros alcanzó magnitud 6 e intensidad VIII en la escala Mercalli. El fenómeno dejó 27 heridos leves y más de un centenar de viviendas destruidas o afectadas en distintas localidades del departamento.
La magnitud representa la energía liberada por un sismo, mientras que la intensidad refleja sus efectos en un determinado lugar. Por eso, el nivel de daño también está relacionado con la calidad de las construcciones y la vulnerabilidad de las viviendas.
La prevención, una herramienta clave
Frente a una amenaza que no puede eliminarse ni predecirse con exactitud, la prevención adquiere un papel fundamental. Contar con viviendas construidas bajo criterios sismorresistentes, controlar las obras, revisar edificios públicos y capacitar a la población son algunas de las medidas que pueden reducir los riesgos.
A nivel familiar, también resulta importante identificar lugares seguros dentro del hogar, asegurar muebles y objetos que puedan caer, mantener despejadas las salidas y contar con elementos básicos como linterna y botiquín. Durante un movimiento sísmico se recomienda alejarse de ventanas y objetos que puedan desprenderse y evitar el uso de ascensores.
Después del movimiento, se deben verificar posibles pérdidas de gas, agua o electricidad y recurrir únicamente a información proporcionada por organismos oficiales.
En una provincia con antecedentes sísmicos como La Rioja, la discusión no pasa solamente por conocer cuántos movimientos se registran cada año. El verdadero desafío consiste en reducir la vulnerabilidad antes de que ocurra un evento de mayor intensidad, mediante infraestructura segura, controles, capacitación y una comunidad preparada.