Sociedad
David y Ariel Cunio fueron los últimos liberados por el grupo terrorista. El calvario de ser rehén en la Franja de Gaza y la emoción del reencuentro con su familia.
Jueves 15 de Enero de 2026
21:15 | Jueves 15 de Enero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
“Una pesadilla”. Esta es la definición que más usan David y Ariel Cunio cuando intentan explicar los 738 días que pasaron como rehenes del grupo terrorista Hamas en la Franja de Gaza. Durante dos años fueron escondidos dentro del enclave palestino en túneles, hospitales y casas de familias, siempre escoltados y amenazados.
No tuvieron comunicación entre ellos: “Pensábamos que el otro estaba muerto”, reconocen con un tono de angustia y tristeza. David fue secuestrado junto a su esposa y sus dos hijas gemelas, hasta que en el día 49 de cautiverio los separaron sin decirle más nada sobre ellas. “Era una tortura psicológica”, recuerda.
Durante una entrevista exclusiva con TN producida junto a Fuente Latina, la primera que dan desde su liberación en octubre del año pasado cuando se firmó la primera fase del acuerdo de paz entre Israel y Hamas, contaron detalles de sus días de cautiverio, las emociones que los invadían durante estos dos años, como así también la emoción del reencuentro con sus seres queridos.

La entrevista completa via TN:
- La primera pregunta que les quiero hacer: ¿Cómo están hoy?
- David Cunio: De a poco estamos mejorando, con la familia, con los amigos. De a poco empezás a entender todo lo que pasó, porque cuando estuvimos adentro no sabíamos todo lo que estaba pasando afuera. Ahora estamos enfrentando todo, viendo qué pasó de verdad, y vamos a psicólogos y a distintos lugares para mejorar. Pero yo, por mi parte, estoy mucho mejor. Estoy con mis hijas, con mi mujer, con mi familia.
- Ariel Cunio: Yo también. Cuando nos liberaron escuché cosas que me hicieron muy mal, y de a poco voy entendiendo cómo vivir con lo que pasó, sin pensar tanto en el pasado. Trato de pensar en lo que hay ahora: la familia, la novia, los amigos.De a poco vamos mejorando, y ojalá que sea rápido.
- ¿Cómo fue ese reencuentro con la familia? Todos vimos los videos, los seguimos, nos emocionamos también, pero ¿qué les pasó a ustedes por la cabeza?
- David Cunio: Durante casi dos años no sabía nada sobre mi familia. Había un mensaje que recibí de mi hermano gemelo el 7 de octubre donde decía que les estaban quemando la casa y que se estaban ahogando en el cuarto seguro, con toda la familia, tosiendo, escuchando los gritos. Escuché que a mis viejos le entraron a la casa, que intentaron abrir el cuarto seguro pero no lo lograron. Después de eso no supe nada más sobre mi familia. Entonces, estaba muy confundido.
Entonces, cuando nos estaban por liberar y nos pidieron el número de mi papá o mamá teníamos mucho miedo de ver que no estuvieran todos. Sabíamos que algo muy grave había pasado ese día. Sabíamos que toda la familia estaba en el kibutz. Por suerte vimos que estaban todos sanos, que sobrevivieron al 7 de octubre. Fue muy emocionante.
- Ariel Cunio: Imaginate que nosotros somos muchos de la familia en el kibutz, en seis casas distintas. La posibilidad de que alguien entrara e hiciera algo era enorme. Los terroristas estuvieron en todas las casas: en la de mi hermano mayor Lucas, en la de mi hermano Eitan, en la mía y también en la de mi abuela. Ese era el miedo constante.
- Durante esos dos años ustedes estuvieron separados, en lugares distintos. ¿Dónde los tuvieron secuestrados?
- David Cunio: Empecé en una casa. Después nos pasaron a un hospital. Después del hospital me separaron de mis hijas y de mi mujer. El día 49 de la guerra. Sin aviso.Ese fue el peor día de mi vida. Después de eso yo pensé que me iban a matar. Al final me llevaron a los túneles. Ahí estuve 689 días, en varios lugares distintos. Nos movían por los bombardeos. No había comida en algunos lugares, entonces nos llevaban a otros donde sí se podía traer algo más. No vi el sol durante 689 días.
- ¿Con quién estabas en los túneles?
David Cunio: Estaba con terroristas, cuatro, y con otros cuatro secuestrados. No siempre eran los mismos, a veces los cambiaban. Nosotros no comimos bien durante mucho tiempo. Comés, pero muy poco. Estábamos muy delgados, muy agotados. Nos hacían caminar en los túneles, que no son altos. Caminamos 13 horas seguidas sin comer, sin tomar agua, sin parar ni dos minutos. Es impresionante lo que tienen abajo de la tierra. No te lo podés imaginar.
- ¿Qué tienen?
David Cunio: De todo. Todo lo que pensás, lo tienen abajo. Comida, armas, cuartos, todo. Es literalmente una ciudad subterránea. Yo nunca pensé que era así.
- Y hoy, ¿cómo definirías esos túneles?
David Cunio: Para mí son una pesadilla. A veces vuelvo ahí en mi cabeza, sueño con eso. Es el peor lugar en el que puede estar un ser humano
- ¿Vos, Ariel?
- Ariel Cunio: Yo no estuve en los túneles. Estuve en edificios: casas, negocios. Escuchaba lo que decían de los túneles y no me podía imaginar cómo estaba David. Usaban gorras, anteojos o autos para movernos de un lugar a otro. Siempre de noche. Siempre eran horas dentro del coche, abajo de sábanas, escondido, transpirando, casi sin aire.
- Es duro preguntarlo, pero… ¿pensaron en algún momento que iban a morir?
- David Cunio: Todo el tiempo. No sabés qué va a pasar en un segundo, en una hora, mañana.Pensé que no iba a salir de ahí. Que ahí iba a terminar mi vida. Secuestrado o muerto. Cuando pasa el tiempo, ya no creés que vas a salir. Perdés la fe. Buscás algo para sostenerte, pero no había nada.
- Ariel Cunio: Yo estuve solo dos años. Sin hablar con nadie. No escuché hebreo durante dos años. No hablaban inglés. Solo árabe. Empezás a pensar en árabe. Y pensaba que David estaba muerto.
- ¿Hubo maltrato?
- David Cunio: Sí. Terror psicológico. Me decían que mi mujer me había dejado, que estaba con otro. Que mi familia no hablaba porque estaban muertos. A todos los secuestrados les decían algo de sus familias, menos a mí. Eso te destruye. Sentía como si todos los días me clavaran un cuchillo y lo doblaran un poco más. Si yo hubiera escuchado que mi familia hacía algo por mí, eso me daba fuerzas. Pero no escuché nada.
- Ariel Cunio: También hubo maltrato físico. Golpes, amenazas con cuchillos, armas.Para sentir poder, para que tengas miedo.
- En el día a día, ¿cómo era sobrevivir?
- David Cunio: Había épocas.Un plato de arroz dividido entre cinco personas. Una vez al día.Dormir no es dormir. Vivís en estrés constante.
No veías el sol. Sabías si era día o noche por los rezos.Cinco veces por día. Eso era lo único que te ubicaba en el tiempo.
- Hoy, mirando para atrás, ¿cómo explicás lo que viviste?
- Ariel Cunio: Una pesadilla.Una pesadilla que no termina.
- Cuando a los pocos días de estar secuestrados te separaron de tu familia, ¿qué mensaje les mandabas desde tu yo interior, David?
- David Cunio: Que las amo. Que iba a hacer todo lo posible para salir vivo. Lloraba todas las noches. No podés hacer nada para salvarte a vos mismo.Cuando lo entendés, es todavía peor.
- Después de todo lo vivido, ¿qué sienten hoy?
- Ariel Cunio: Yo decidí no vivir en el odio. No puedo cambiar lo que pasó. Prefiero pensar en el futuro: casarme, tener hijos, vivir.
— ¿Creen que puede haber paz?
- David Cunio: Con Hamas no. Nos decían que lo iban a volver a hacer, que la próxima vez iban a matar a todos. Hablar con ellos es imposible. No entienden lo que es la vida.
Quiero agradecer a todos los soldados y a todos los que hicieron algo por nosotros. Y decir algo más: todavía hay secuestrados que tienen que volver. Ran Gvili tiene que volver a casa. Esto no puede terminar así.

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