
¿ Claudia Ortiz, chocó el APOS?
Locales
Néstor Bosetti, ex vicegobernador de La Rioja, salió a retratar sin eufemismos el impacto del modelo libertario en el interior del país: comercios que venden menos, construcción paralizada, salarios pulverizados y familias que no llegan a fin de mes.
Martes 14 de Abril de 2026
13:41 | Martes 14 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
No lo dijo un militante de base ni un dirigente de segunda línea. Lo dijo un ex vicegobernador y ex ministro de Infraestructura que conoce desde adentro cómo funciona —y cómo se rompe— una provincia del interior argentino. Néstor Gabriel Bosetti salió esta semana con una contundencia que incomoda al relato oficial y que pone en palabras lo que millones de argentinos del interior viven pero que raramente encuentra expresión con ese peso institucional: en La Rioja, el modelo de Javier Milei no se experimenta como un proceso de ordenamiento económico sino como una asfixia progresiva y cotidiana.
"No es ajuste. Es asfixia. Y en La Rioja se siente el doble", escribió Bosetti en una publicación en redes sociales que circuló con rapidez mucho más allá de las fronteras provinciales. La frase no es retórica opositora. Es el diagnóstico de un dirigente con experiencia ejecutiva concreta en gestión territorial, que traduce en términos crudos lo que los índices macroeconómicos no alcanzan a capturar: el deterioro real de la vida cotidiana en una provincia del interior que acumula golpes sin encontrar alivio.
El mapa de la crisis: comercios, obras y salarios en caída libre
El cuadro que traza Bosetti es el de una economía provincial que se contrae en todos sus frentes de manera simultánea. Los comercios venden menos. La construcción está frenada. El salario ya no alcanza. El desempleo avanza. No hay un solo sector de la actividad económica cotidiana que muestre señales de recuperación para el ciudadano común de La Rioja.
La experiencia de Bosetti como ex ministro de Infraestructura le otorga una perspectiva particular sobre uno de los sectores más golpeados: la construcción. Un sector que en las provincias del interior depende de manera crítica de la obra pública nacional —rutas, viviendas, infraestructura escolar y sanitaria— y que con el ajuste del gobierno de Milei quedó prácticamente paralizado. Cuando la obra pública se detiene en una provincia como La Rioja, no solo se frenan los proyectos: se destruye empleo directo e indirecto en una de las pocas actividades que genera trabajo genuino en economías regionales con escasa diversificación productiva.
La paradoja que el ex vicegobernador subraya con precisión quirúrgica es la que millones de argentinos perciben cada vez que van al mercado: la inflación "baja" en las planillas de Excel del Ministerio de Economía, en los índices del INDEC, en los gráficos que el gobierno muestra con orgullo. Pero en el almacén del barrio, en la verdulería, en la carnicería de la esquina, los precios siguen subiendo. "Acá no hay teoría económica que valga: hay familias que no llegan a fin de mes", sentenció Bosetti, en una frase que resume el abismo entre el dato estadístico y la experiencia concreta de comprar en el interior argentino.
¿Quién paga el ajuste? Una pregunta con respuesta incómoda
La pregunta que Bosetti instala en el centro del debate es la más incómoda para el gobierno nacional: ¿quién absorbe el costo real del ajuste? La respuesta que ofrece el ex funcionario riojano no deja margen para la ambigüedad: las provincias del interior y los trabajadores. No los grandes grupos financieros que capitalizan la dolarización y las altas tasas de interés. No los sectores que se benefician de la desregulación y la apertura importadora. Los que pagan son los que todos los días salen a trabajar, abren su comercio, van a la obra o intentan sostener una PyME en un contexto de caída sostenida del consumo.
La dimensión federal del argumento es central y proviene de alguien que la vivió desde adentro del Estado provincial. Las provincias del interior —y La Rioja es un caso paradigmático por su nivel de dependencia de las transferencias nacionales— son las que más sufren la retracción del gasto público, la caída de la obra pública y el deterioro del poder adquisitivo de sus poblaciones. Son, al mismo tiempo, las que menos herramientas propias tienen para compensar ese impacto con políticas autónomas. El ajuste que en Buenos Aires puede percibirse como un proceso abstracto, en Chilecito, en Aimogasta o en Chamical tiene cara, nombre y apellido.
"Esto no es orden económico. Es un modelo que ahoga a la gente y a las provincias", afirmó Bosetti, trazando una línea conceptual que separa el relato oficial del impacto concreto en el territorio: lo que el gobierno presenta como saneamiento fiscal, el interior lo experimenta como estrangulamiento de su capacidad de sostener la actividad económica y el tejido social.
"No necesitan paciencia. Necesitan respuestas. Y las necesitan ahora"
El cierre del mensaje de Bosetti apunta con precisión al núcleo más vulnerable del discurso presidencial. Milei ha pedido en reiteradas ocasiones paciencia a la sociedad, argumentando que los resultados del ordenamiento macroeconómico llegarán con el tiempo y que el sacrificio del presente garantiza el bienestar del futuro. Desde La Rioja, con la autoridad de quien ejerció los más altos cargos ejecutivos de la provincia, la respuesta es categórica: la paciencia es un lujo que el interior argentino ya no puede permitirse.
"Tanto La Rioja como otras provincias no necesitan paciencia. Necesitan respuestas. Y las necesitan ahora", escribió el ex vicegobernador, en una frase que sintetiza el agotamiento acumulado de una sociedad que lleva más de un año esperando que el derrame del ajuste llegue a sus bolsillos y que encuentra, en cambio, que el esfuerzo requerido es mayor cada mes y el horizonte de mejora más lejano.
El peso específico de quien formula esa exigencia importa. No es la voz de un opositor sin experiencia de gestión: es la de un ex vicegobernador y ex ministro de Infraestructura que administró recursos públicos, ejecutó obra pública y conoce desde adentro la mecánica de una provincia del interior. Cuando alguien con ese currículum dice que lo que está ocurriendo es asfixia y no ajuste, la afirmación tiene una densidad que va más allá de la retórica opositora.
El mensaje de Bosetti es, en definitiva, el emergente visible de un malestar que se acumula en silencio en decenas de provincias argentinas que comparten el mismo diagnóstico: la inflación medida en índices nacionales no refleja lo que paga una familia del interior, el ajuste fiscal se traduce en menos obra pública y menos empleo genuino, y la promesa del bienestar futuro suena cada vez más hueca para los que no pueden esperar porque tienen que resolver el presente. Desde La Rioja, con voz de ex funcionario, el mensaje llega alto y claro a la política nacional.
DEJANOS TU COMENTARIO
Las Más Vistas

¿ Claudia Ortiz, chocó el APOS?

Violencia de género: una mujer de 29 años fue atacada con un arma blanca y el agresor se dio a la fuga

La angustia de Verónica Ojeda por el bullying que sufre Dieguito Fernando: “Ya no lo tolero más”

Frigerio, Weretilneck y Cornejo en AmCham: pidieron eliminar más impuestos

Italia le suelta la mano a Israel: Giorgia Meloni suspendió el acuerdo estratégico de defensa
Top Semanal
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
LOCALES
NACIONALES
INTERNACIONES
DEPORTES
SOCIEDAD
FARÁNDULA