
El Comité de Emergencia de la provincia brinda asistencia en el departamento San Blas de los Sauces por crecidas de ríos y arroyos
Sociedad
Perdió todo y hoy ofrece lo que hace con sus propias manos en la puerta de un banco de Palermo. La historia de una mujer que, fiel a la maestra que fue, no se resigna a dejar de enseñar.
Jueves 29 de Enero de 2026
09:49 | Jueves 29 de Enero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
A la salida de un banco, sobre la avenida Santa Fe, María Inés se sienta todos los días con sus sillitas de madera para casas de muñecas prolijamente alineadas en el piso. Son chiquitas, livianas, delicadas. Las lija con paciencia y pega uno por uno sus brillitos. El armado lo hace de madrugada, cuando termina de limpiar las pocas cosas que tiene en el lugar en el que vive.
Fabrica de noche y vende de día, cuando el cuerpo le alcanza. Tiene 89 años. Dice que 2026 va a ser su año número 90. Lo dice sin solemnidad, como quien enumera un dato más de la vida. María Inés no está ahí por vocación ni por hobby: está ahí porque perdió todo y la plata de la jubilación solo le alcanza para pagar el alquiler de una habitación donde dormir.
Dispuesta a compartir su historia con TN, la mujer explica que no siempre vivió así. Viajó por el mundo, estudió distintas carreras y enseñó durante mucho tiempo. Fue profesora de inglés, pasó por Lenguas Vivas, piensa muchas veces en inglés y a veces se le escapa una palabra sin darse cuenta. Es hija de un escocés y formó una familia en Grecia. Pero la trama de su vida tiene varios giros inesperados.

Su marido fue el centro de ese mundo que empezó a deshacerse en los 2000. “Era americano”, dice, y enseguida enumera, como si necesitara ordenar el recuerdo: doctor en energía atómica, luego doctor en ingeniería química, profesor de física y matemática, maestro de chicos especiales, locutor de radio. Hablaba siete idiomas, incluido el ruso, y tocaba cinco instrumentos. Estaba en una fraternidad para genios de la Universidad de Nueva York. “Claro que era muy inteligente”, repite María Inés, con una mezcla de orgullo y cansancio.
“Vivíamos muy bien. Tuvimos un hijo y una casa grande para nosotros solos porque nuestros pocos familiares habían muerto. Todo cambió cuando la central nuclear en la que trabajaba mi esposo sufrió una explosión grave y cerró para siempre, dejando a cientos de empleados en la calle”.
Fue en ese momento cuando eligieron venir a la Argentina desde Grecia, Porque él decía que acá, si alguien se caía, siempre aparecía otro para ayudarlo a levantarse. María Inés hoy confirma esa idea en cada persona que la saluda y ella responde tirando un beso tierno, desde la baldosa en la que pasa gran parte del día.
El quiebre llegó con la enfermedad. A él le dolía una pierna, pero no quería ir al médico. Cuando finalmente fue, el diagnóstico ya era irreversible: cáncer de próstata, luego vejiga. “Si hubiera ido al principio, se salvaba”, le dijeron. No ocurrió. Vendieron todo. Se quedaron sin nada. Con un hijo chico y sin poder conseguir trabajo, María Inés empezó a revisar los estantes de la cocina buscando si había quedado alguna galletita.
“No tenía absolutamente nada y pensé: si hay gente que pide, ¿yo por qué no?” Y salió a la calle. Al principio solo pedía. No vendía nada. Caminaba desde Federico Lacroze hasta Callao. Comía cuando podía. Dormía como podía. Hasta que decidió quedarse en Santa Fe, en la puerta de un banco, después de que un hombre le diera dos pesos sin que ella los pidiera. “Ese billete fue la llave del que ahora es mi living”, dice con una sonrisa triste.
Las sillitas llegaron después. Primero copiando unos fascículos viejos de Clarín sobre muebles para casas de muñecas. Después, directamente desde la cabeza. “Ya no sé ni dónde estaban las revistas”, se ríe. Hoy las hace de memoria. Lijar la maderita, dice, le calma los nervios.
La jubilación apareció más tarde, tras años de moratoria y pagos imposibles. “Apenas pago el alquiler y no me queda una moneda”, resume. Con lo que cobra, come una vez al día. A veces dos. Los remedios de su hijo —que tiene una discapacidad y una depresión mayor resistente al tratamiento— cuestan decenas de miles de pesos. “Ya nos acostumbramos”, dice, sin victimizarse.
La calle no es un lugar amable para una mujer de casi 90 años. La empujaron. Le pisaron los juguetes. Un borracho quiso echarla del lugar donde se sienta. La policía, alguna vez, la defendió. Otras veces fue la gente.
“Hay gente buena”, insiste. Un jefe de seguridad de River le pagó un hotel durante meses. La comunidad de Sant’Egidio la ayudó a conseguir heladera, comida, papeles. “Siempre aparece alguien”, repite, como su marido.
María Inés no idealiza nada y no cree en respuestas fáciles. Tampoco se calla: habla de jubilaciones que no alcanzan, de presidentes que no saben lo que cuesta vivir, de "un sistema que empuja a los viejos a la intemperie“.
Y sin embargo, enseña. Enseña sin proponérselo. Les dice a los chicos que no abandonen el estudio y recita de memoria fragmentos de Shakespeare. Habla inglés con naturalidad. Corrige, reflexiona, piensa. A veces se le cruzan las palabras por los pequeños accidentes cerebrovasculares que tuvo, pero sabe exactamente qué quiere decir.
Cada sillita que vende a $5000 es una forma de seguir estando. De no desaparecer. De ocupar un lugar en la ciudad que pasa rápido y no mira a nadie. María Inés se sienta ahí todos los días, en Santa Fe, con sus sillitas diminutas y su historia enorme. No pide lástima. Vende. Trabaja. Vive.

DEJANOS TU COMENTARIO
Las Más Vistas

El Comité de Emergencia de la provincia brinda asistencia en el departamento San Blas de los Sauces por crecidas de ríos y arroyos

¿Se besó a escondidas con Javier Milei? La reacción de Fátima Flórez en televisión que causó furor

El argentino Zeballos y el español Granollers quedaron eliminados en las semifinales de dobles de Australia

La frase con la que Ian Lucas expuso la desilusión que se llevó con Evangelina Anderson

Melody Luz lanzó una crítica fulminante a Javier Milei por cantar en el show de Fátima Florez
Top Semanal
TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR
LOCALES
NACIONALES
INTERNACIONES
DEPORTES
SOCIEDAD
FARÁNDULA