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Mientras el oficialismo ordena su estrategia parlamentaria y gana elecciones en el interior, gobernadores y dirigentes del PJ no logran reagruparse. Una seguidilla de traspiés políticos y electorales que encendieron alarmas internas.
Lunes 02 de Marzo de 2026
07:49 | Lunes 02 de Marzo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El peronismo atraviesa uno de sus momentos de mayor fragilidad institucional desde que dejó el poder. La pérdida de presidencias de comisiones en el Senado, la ruptura de su interbloque y una cadena de derrotas electorales en el interior profundizaron una inquietud que ya preocupa al interior del partido: el PJ pierde espacios de decisión y no logra ordenar una conducción clara.
El oficialismo consolidó su influencia en la Cámara Alta y dejó al peronismo sin lugares estratégicos en la línea de sucesión por primera vez desde el regreso de la democracia. Pero más allá de la disputa parlamentaria, lo que inquieta en el partido es la tendencia: todas las semanas enfrenta un nuevo retroceso, ya sea legislativo, territorial o interno. Cristina Kirchner, La Cámpora y el ala dura k están en la mira.
En ese contexto, gobernadores peronistas no alineados con la conducción nacional comenzaron a articular posiciones comunes. En los últimos días firmaron comunicados conjuntos, reclamaron la convocatoria al Consejo Federal del Trabajo y endurecieron su discurso frente a lo que consideran un avance sobre las autonomías provinciales.
La preocupación también se expresó en gestos políticos. El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, se reunió con los sindicalistas Héctor Daer y Andrés Rodríguez y volvió a reclamar una postura más firme frente al Gobierno nacional.
Siete provincias —Buenos Aires, Formosa, La Pampa, La Rioja, Misiones, Santiago del Estero y Tierra del Fuego— firmaron una Carta de Intención para “blindar” el federalismo. En el documento afirmaron que “no es una declamación; es ejercicio efectivo de poder”. Sin embargo, los diputados que responden al gobernador misionero, Hugo Passalacqua, fueron clave tanto para que el oficialismo consiguiera quórum para tratar la reforma laboral como para aprobarla.

Además, ministros provinciales exigieron la convocatoria urgente al Consejo Federal del Trabajo. “El CFT no puede ser una mera caja de resonancia; es una herramienta de solución a problemáticas concretas”, sostuvieron en la nota presentada ante la Secretaría de Trabajo de la Nación.
Los pronunciamientos buscan mostrar cohesión ante un escenario adverso. La ruptura del bloque peronista en el Senado, que dejó al interbloque con su número más bajo desde 1983, fue leída en varias provincias como un síntoma de desorden político y pérdida de conducción.
En declaraciones a Radio 10, Quintela llamó a sus pares a asumir “una responsabilidad histórica” frente al rumbo económico nacional. “Tenemos que tomar decisiones fuertes”, afirmó tras el encuentro con dirigentes de la CGT.
El mandatario riojano advirtió además que el Gobierno de Javier Milei “puede llegar hasta el 10 de diciembre de 2027 con el país destruido”, y cuestionó la reforma laboral al plantear que debe modificarse o eliminarse. En ese marco, reclamó “una convocatoria masiva, paro y movilización” para frenar la iniciativa.
Quintela no es el único dirigente que plantea un endurecimiento frente a las políticas libertarias. En el peronismo del interior, consideran que la estrategia parlamentaria no logró frenar los avances oficiales y dejó al partido en una posición defensiva, casi “reactiva”.
El riojano es uno de los pocos dirigentes que decidió enfrentar a Cristina Kirchner por la conducción del PJ y se alió a Kicillof cuando el bonaerense definió el desdoblamiento.
La crisis no es solo institucional, sino también política. En Mendoza, la división entre el peronismo orgánico y La Cámpora terminó en una derrota electoral que encendió alarmas sobre la competitividad del kirchnerismo en las provincias.
A nivel nacional, el cruce público entre referentes dejó expuesta la fractura. El salteño Gustavo Sáenz cuestionó en X la conducción partidaria: “La pyme familiar de la Sra., su hijo y sus amigos sigue decidiendo a dedo desde Buenos Aires las autoridades partidarias del PJ en las provincias”. Y agregó: “Le llaman renovación al reciclaje”.
Desde el massismo, Sebastián Galmarini analizó en la misma red social el escenario electoral tras el resultado en Mendoza: “La polarización sigue siendo la principal característica general, y su contracara es la rigidez y paridad de los resultados electorales”. Y advirtió que “un swing de pocos electores medianos puede modificar los resultados”.
En este panorama de creciente fragmentación, la figura de Cristina Kirchner vuelve a quedar en el centro de la discusión. Aunque tras conocerse su condena judicial logró un primer alineamiento interno y una reacción orgánica del partido en su defensa, ese reordenamiento no se tradujo en una estrategia política capaz de frenar la sangría territorial y parlamentaria.
En varias provincias cuestionan que, lejos de contener, la conducción nacional del peronismo profundizó las tensiones con la intervención de PJ distritales y decisiones tomadas desde Buenos Aires. Gobernadores y dirigentes del interior advierten que esas medidas alimentaron rupturas que hoy se expresan en el Senado y en los armados locales.
También crece la incomodidad por la pelea entre Kicillof y La Cámpora, que en distintos sectores del partido describen como una disputa de poder que corre el eje de la defensa de los principios históricos del peronismo.
Algunos dirigentes admiten que el sello kirchnerista, que durante años funcionó como ordenador electoral, hoy aparece más como un factor de tensión que como una síntesis superadora. El temor es que la discusión interna termine de arrastrar al PJ a una dinámica de confrontación interna mientras el oficialismo consolida posiciones de poder.
En el PJ reconocen que el oficialismo logró capitalizar la dispersión opositora y ordenar su estrategia institucional. La pérdida de presidencias de comisión en el Senado y la exclusión de lugares clave en la estructura de poder legislativo fueron el último capítulo de una secuencia que incluyó fracturas internas y retrocesos electorales.
Puertas adentro del partido reconocen que el desafío hacia adelante es doble: reconstruir cohesión interna y recuperar capacidad de incidencia política.
Mientras tanto, la preocupación crece. Admiten que si el peronismo no logra redefinir su conducción y su estrategia federal, no tendrá chances en las próximas elecciones. “Tal vez por eso varios gobernadores y dirigentes se estén despegando del PJ para acercarse a La Libertad Avanza; nadie quiere estar del lado de los perdedores”, resumió un dirigente del interior.
Quintela sube el tono y se alinea con Kicillof

Ruido interno y señales de fractura
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Un partido en búsqueda de rumbo
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