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Acusan a Cole Tomas Allen por intento de asesinato contra Donald Trump

Fue luego del hecho ocurrido la noche del sábado en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.

Lunes 27 de Abril de 2026

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16:33 | Lunes 27 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Cole Tomas Allen, el californiano de 31 años que irrumpió armado el sábado en el hotel Hilton de Washington con la presunta intención de matar a Donald Trump y altos cargos de su gabinete, ha comparecido esta mañana ante un tribunal en la capital para su procesamiento. La fiscalía ya ha hecho públicos los cargos de los que le acusa: intento de asesinato del presidente, transporte de un arma de fuego y munición con la intención de cometer un delito grave, y uso de un arma de fuego durante un crimen violento. Estos delitos penales graves podrían llevarle a pasar la vida en prisión.

 

La fiscal federal Jocelyn Valentine ha explicado en la sala que Allen viajó armado a Washington con la intención expresa de llevar a cabo un asesinato político. El tribunal ha fijado una audiencia para el jueves por la mañana para determinar si el acusado deberá permanecer detenido. Hasta entonces, el juez ha aprobado la solicitud de la fiscalía que permanezca bajo custodia temporal. Allen, que ha acudido a la sede judicial con un mono azul de prisión, se ha mantenido en silencio y no ha llegado a declarar si se considera culpable o inocente de los delitos de los que se le acusa.

 

 

Sin embargo, la evidencia en su contra es abrumadora. Las imágenes de seguridad del hotel Hilton y las propias cámaras de los agentes muestran que, justo en el momento en el que Trump se disponía a dar un discurso en el salón de baile del hotel Hilton, Allen corrió unos 20 metros en dirección al dispositivo de seguridad situado en la planta superior, desde la que se accedía a las escaleras que daban a la puerta del salón. Al ser interceptado, lanzó una serie de disparos con su escopeta, impactando uno de ellos en un agente del Servicio Secreto, que salió ileso gracias a su chaleco antibalas.

 

El atacante, que se alojó en el mismo hotel dos días antes de la cena de corresponsales de la Casa Blanca, el evento anual en el que Trump tenía previsto hablar por primera vez desde que es presidente, dejó un rastro con sus intenciones. Las autoridades han tomado como evidencia sólida un “manifiesto” cargado de ideología contra el “pedófilo, violador y traidor” de Trump, que Allen habría enviado a algunos de sus familiares pocos minutos antes del atentado, el tercero frustrado contra Trump en dos años.

Poco después de recibir la carta, el hermano de Allen contactó con la policía de New London (Connecticut), según ha informado un funcionario a The Washington Post, pero ya era demasiado tarde como para que se reforzara el dispositivo de seguridad. De todos modos, aunque el incidente ha puesto en duda la seguridad en este tipo de eventos, el Servicio Secreto actuó de manera rápida y eficaz y Trump no llegó a correr peligro real.

Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca

“Quienes etiquetan y difaman al presidente como un fascista y lo comparan con Hitler para obtener rédito político, están alimentando este tipo de violencia”

La situación también ha puesto en duda los protocolos de la Administración, pues los dos primeros cargos en la línea de sucesión de Trump, el vicepresidente J.D. Vance y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, se encontraban en la misma sala el sábado. La jefa de Gabinete, Susie Wiles, ha convocado una reunión esta semana para revisar los protocolos de seguridad.

Por ahora, la hipótesis central es que el tirador actuó solo. Según describió el fiscal general en funciones, Todd Blanche, Allen emprendió la semana pasada un largo viaje desde Los Ángeles, cerca de su residencia en Torrance (California), hasta Chicago, y posteriormente tomó otro tren hacia Washington. En todos esos viajes, llevó consigo sus dos armas de fuego, descritas por las autoridades como una pistola y una escopeta, que accionó el sábado por la noche (hacia las 20:30h en Washington) tras ser interceptado por el control de seguridad previo al salón de baile en el que se encontraba Trump y cientos de periodistas.

En una serie de entrevistas a sus amigos y familiares, las autoridades han descubierto que Allen dio explicaciones distintas sobre su ausencia. A sus compañeros de trabajo y a los estudiantes a los que daba clases, les dijo que tenía una emergencia personal. A sus padres, simplemente les dijo que tenía una entrevista.

En su manifiesto, sin embargo, se sinceraba sobre sus intenciones: “Ya no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”, afirmó, en referencia velada a Trump, al que no mencionó por su nombre en ningún momento. En otro extracto, afirma que los “funcionarios de la Administración (sin incluir al Sr. Patel) son objetivos, priorizados de mayor a menor rango”, dejando clara la voluntad de asesinar a miembros del gabinete. No está claro por qué hizo una referencia exclusiva a Kash Patel, director del FBI, al que excluyó de la lista de objetivos.

En una entrevista con el programa 60 minutes de la CBS, emitida el domingo, Trump se dio por aludido cuando la periodista, Norah O'Donnell, le leyó estos mismos extractos. “Yo no soy un violador. No violé a nadie. Yo no soy un pedófilo. Leíste esa basura de una persona enferma. Me asociaron con cosas que no tienen nada que ver conmigo. Fui totalmente exonerado”, afirmó. “Deberías avergonzarte de ti misma por leer eso. Eres una vergüenza”, le dijo a la periodista.

Con insistencia a lo largo de la entrevista, Trump no dudó, como ha hecho en recientes episodios de violencia política en el país, en culpar al discurso de izquierdas de la creciente lacra de la violencia política en la armada sociedad estadounidense. “Realmente creo que el discurso de odio de los demócratas, mucho más que el resto, es muy peligroso. Realmente creo que es muy peligroso para el país”, afirmó.

Es la misma forma en la que reaccionó después de sus dos primeros intentos de asesinato, durante la campaña electoral, cuando avisó de la amenaza de los “lunáticos de izquierda radical”, que son el verdadero “enemigo interior”. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, ha insistido este lunes en que “esta violencia política proviene de una demonización sistemática por parte de miembros electos del Partido Demócrata e incluso de algunos en los medios de comunicación. Esta retórica de odio constante y violenta dirigida al presidente Trump, día tras día durante 11 años, ha contribuido a legitimar esta violencia y a llevarnos a este momento oscuro”.

“Quienes etiquetan falsamente y difaman constantemente al presidente como un fascista, como una amenaza para la democracia y lo comparan con Hitler para obtener rédito político, están alimentando este tipo de violencia”, ha señalado Leavitt. Sin embargo, la violencia política ha crecido con fuerza, también por parte de milicias ultraderechistas, desde la llegada de Trump a la política y, más aún, después de su intento frustrado de golpe de estado, el asalto al Capitolio del 6 de enero del 2021.

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