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Un informe de la Fundación Instituto Natura y Surcos Asociación Civil relevó el acceso a mamografías en Argentina. La Rioja se destaca por su disponibilidad relativa de equipos, aunque persisten desafíos territoriales, técnicos y organizativos.
Viernes 28 de Agosto de 2026
14:26 | Viernes 28 de Agosto de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La dimensión del estudio excede el conteo de equipos. El informe, desarrollado por Fundación Instituto Natura junto a Surcos Asociación Civil, releva la red pública, describe su estado tecnológico, examina la organización de los servicios y observa qué recursos humanos sostienen la prestación.

Ese enfoque permite mirar la mamografía no solo como equipamiento, sino como parte de una red de cuidado atravesada por la disponibilidad horaria, el mantenimiento, la digitalización, la asignación de turnos y la capacidad de seguimiento de cada caso.
En la red pública, el estudio relevó 404 mamógrafos distribuidos en 375 establecimientos de 23 de las 24 provincias. De ese total, 328 equipos estaban operativos al momento del trabajo de campo. La cifra expone una primera distancia entre lo que el sistema tiene registrado y lo que realmente puede ofrecer: no alcanza con saber cuántos mamógrafos existen. También importa cuántos funcionan, con qué regularidad atienden y qué respaldo técnico y profesional tienen para sostener la atención.
Uno de los datos más sensibles del informe es que uno de cada tres equipos relevados en el subsector público presenta algún tipo de limitación operativa. En números, 90 mamógrafos reportaron desperfectos técnicos y 46 estaban fuera de servicio. Esa combinación achica la capacidad real del sistema para sostener turnos y garantizar estudios a tiempo, sobre todo en provincias donde la oferta ya es más escasa o está más dispersa.
El mapa también expone una fuerte heterogeneidad territorial. La mayor cantidad de mamógrafos públicos se concentra en la provincia de Buenos Aires, con 134 equipos en 122 establecimientos. Le siguen Santa Fe, con 33; Santiago del Estero, con 23; la Ciudad de Buenos Aires, con 21; y Entre Ríos, con 19.
El informe aclara que la cantidad absoluta no alcanza para medir el acceso. En parte del país, hacerse una mamografía todavía depende de recorrer largas distancias, esperar el paso de una unidad móvil o llegar a un servicio con funcionamiento restringido.
La relación entre cantidad de equipos y población objetivo también muestra diferencias marcadas. El análisis del sistema público mide mamógrafos por cada 10.000 mujeres de 40 a 75 años con cobertura pública exclusiva. En ese indicador, aparecen provincias con mayor disponibilidad relativa, como Chubut, Santa Cruz, La Rioja y Tierra del Fuego, y otras con una relación más desfavorable, como Mendoza, Jujuy, San Juan y Chaco.
El relevamiento advierte que ese dato tampoco alcanza por sí solo: una provincia puede mostrar una buena relación entre equipos y población y, al mismo tiempo, enfrentar barreras por extensión territorial, horarios acotados o fallas operativas.
La accesibilidad también se juega en el tiempo de atención. Aunque 241 equipos funcionan cinco días hábiles por semana, una parte importante de la red tiene una disponibilidad más acotada. 35 equipos funcionan solo tres días por semana, 24 lo hacen dos días, 12 solo un día y 21 menos de un día semanal. A esa restricción se suma otra: el 42% de los equipos opera menos de seis horas por día, lo que reduce de manera directa la cantidad de turnos posibles.
La oferta efectiva también depende de quiénes sostienen el servicio. 33 establecimientos declararon no contar con personal técnico para operar el mamógrafo. Entre los centros que sí tienen personal, la organización resulta desigual: alrededor de 159 servicios cuentan con técnicos con dedicación exclusiva, mientras que en 183 el personal rota entre el mamógrafo y otras tareas del área de imágenes. Ese esquema implica que el 49% del personal técnico trabaja con polifuncionalidad, una condición que limita la expansión de horarios y la continuidad de la prestación.
El relevamiento también examinó la calidad y la antigüedad del parque tecnológico. El 26% de los equipos públicos fue incorporado entre 2020 y 2024, lo que da cuenta de una renovación reciente. A la vez, persiste un núcleo de equipos antiguos, con mamógrafos instalados en las décadas de 1980 y 1990 y otros incorporados a comienzos de los 2000. El mapa describe además una transición tecnológica en curso: el 47% opera con tecnología digital indirecta (CR), el 39,4% con digital directa (DR) y el 12,1% aún es analógico. Ese cuadro revela avances en digitalización, pero también una brecha en la calidad y en la capacidad de integrar imágenes a redes de atención más complejas.
La situación del mantenimiento constituye otro punto de atención. El 46% de las instituciones informa que el mantenimiento se realiza solo cuando el equipo se rompe, mientras que 138 establecimientos cumplen con controles anuales. A eso se agrega un problema administrativo: el 45% de los centros no tiene contrato de servicio vigente. Esa combinación aumenta la vulnerabilidad frente a fallas y extiende los tiempos de reparación, con impacto directo sobre la continuidad de los turnos y el acceso al estudio.
El reporte también pone el foco en la organización del sistema. El 66% de los centros públicos cuenta con historia clínica informatizada y la mitad está incorporada al SITAM, el sistema nacional de información de tamizaje.
Aunque esos datos muestran avances, la red todavía presenta problemas de interoperabilidad, carga de imágenes y seguimiento de casos. En muchos lugares, la información clínica no circula entre efectores, lo que obliga a sostener trayectorias fragmentadas entre el estudio, la lectura de resultados y una eventual derivación.
Las barreras no terminan en el equipamiento o en la tecnología. El relevamiento muestra que la organización de turnos sigue muy descentralizada. El 77% de los establecimientos otorga los turnos de manera directa en el propio centro de salud, mientras que el canal presencial continúa como la vía dominante para solicitar estudios. Solo una proporción reducida ofrece acceso exclusivo por internet. Ese esquema suma fricciones para mujeres que viven lejos, trabajan en horarios rígidos o sostienen tareas de cuidado que vuelven más difícil cada trámite presencial.
Otra dimensión relevante es el uso efectivo de la capacidad instalada. Entre los equipos que informaron producción mensual, más de la mitad realiza menos de 100 mamografías por mes.
A la vez, la mayor parte de los establecimientos declara no tener o tener muy pocos turnos ociosos. Esa combinación sugiere que el problema no es solo la demanda, sino una oferta de turnos limitada desde el inicio por horarios reducidos, falta de personal, organización restringida o fallas técnicas.
El reporte señala además que, aunque el 76% de los establecimientos dice tener población a cargo, solo el 32% informa tener identificada la cantidad de mujeres que deberían realizarse mamografías periódicas, una carencia que dificulta planificar coberturas y estrategias de búsqueda activa.
El estudio también incorporó una mirada sobre la dimensión institucional: 20 de las 24 provincias adhirieron a las leyes nacionales vinculadas al cáncer de mama y 18 cuentan con programas creados por ley o decreto.
Aun así, la estructura institucional es desigual. El informe identifica niveles altos de jerarquía institucional en Buenos Aires, Entre Ríos, Misiones, Neuquén y Santa Fe, mientras que otras jurisdicciones muestran programas con menor formalización o inserción en áreas más amplias de promoción, atención primaria o salud materno-infantil.
Más allá del subsector público, el trabajo también identificó 1.094 mamógrafos en obras sociales y prestadores privados. Esa cifra completa el total de 1.498 equipos en funcionamiento en el país, pero el propio informe advierte que ese universo presenta una limitación estructural: no existe un registro público consolidado que permita conocer con precisión su localización, disponibilidad efectiva y aporte real al tamizaje. En un sistema de salud fragmentado, la presencia de esos equipos no implica acceso automático para toda la población.
Argentina no contaba hasta ahora con una radiografía de esta escala sobre la disponibilidad y el uso de mamógrafos. La novedad del mapa reside en ese cruce entre infraestructura, organización y acceso. El informe permite ubicar equipos, medir su estado, observar sus limitaciones y seguir cómo se articula la red pública frente a la detección temprana del cáncer de mama.
Un mapa que va más allá del conteo de equipos
Brechas territoriales y diferencias entre provincias

Horarios reducidos y capacidad limitada de atención
Estado tecnológico y mantenimiento de los mamógrafos

Digitalización, turnos y seguimiento de pacientes


El marco institucional y el peso del sector privado

Lo que abre este primer relevamiento federal