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Lio, cómo se despide a alguien que se volvió eterno

por Julieta Cabrera periodista deportiva de Multiplataforma Fenix

Lunes 31 de Agosto de 2026

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12:35 | Lunes 31 de Agosto de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

No sé cómo se escribe una carta de despedida cuando quien está del otro lado no es solamente un futbolista. ¿Cómo se dice adiós a alguien que durante tantos años formó parte de nuestras vidas? ¿Cómo se despide a un jugador que, para millones de argentinos, dejó de ser simplemente Lionel Messi para convertirse en una parte de nuestra propia historia?
 
Hay despedidas que uno sabe que algún día van a llegar, pero que, aun así, se niega a aceptar.
 
Y esta es una de ellas.
 
Después de tantos años, llegó el momento de mirar hacia atrás y entender que aquella historia que comenzó con un chico que soñaba con vestir la camiseta argentina está llegando a su última página.
 
Quizás por eso el último partido frente a España se sintió diferente. Porque mientras te veíamos dentro de la cancha, ya no solamente estábamos mirando a un futbolista. Estábamos viendo pasar una parte enorme de nuestra vida.
 
Cada pelota que tocaste, cada gesto, cada mirada y cada abrazo después del partido parecían recordarnos que el final estaba cada vez más cerca.
 
Y qué difícil es aceptar que quizás ya no habrá otra noche como esa.
 
Porque detrás del jugador que todos conocemos también está el hombre. El hijo, el padre, el compañero, el capitán. El hombre que tuvo que atravesar momentos personales que muchas veces quedaron lejos de las cámaras.
 
La pérdida de tu padre fue uno de esos golpes que dejan una marca para siempre. Y quizás por eso hubo algo diferente en la manera en que viviste este último Mundial. Una emoción que apareció en tus gestos, en tus abrazos, en tus lágrimas y en esa forma de mirar la camiseta argentina como si en ella estuvieran todos los recuerdos de una vida.
 
Porque jugar un Mundial nunca fue solamente jugar al fútbol para vos.
 
Fue cargar recuerdos.
 
Fue pensar en tu familia.
 
Fue recordar a quienes estuvieron desde el principio.
 
Fue representar a un país mientras llevabas también tus propias historias sobre los hombros.
 
Y nosotros lo vimos.
 
Vimos al Messi campeón, al Messi sonriente, al Messi que levantó la Copa del Mundo. Pero también vimos al Messi emocionado, vulnerable, humano.
 
Y quizás ahí estuvo una de las claves para entender por qué tu historia nos llegó tanto.
 
Porque no vimos solamente al mejor jugador del mundo.
 
Vimos a un hombre que también sufrió.
 
Te vimos llegar a la Selección siendo muy joven, con una presión enorme sobre tus hombros. Te vimos perder finales. Te vimos escuchar críticas. Te vimos llorar. Te vimos alejarte. Y también te vimos regresar.
 
Y qué manera de regresar.
 
Llegó la Copa América.
 
Llegó la Finalissima.
 
Llegó el Mundial.
 
Y finalmente aquella imagen que durante tantos años parecía imposible: vos levantando la Copa del Mundo con la camiseta argentina.
 
Ese día se cerró un círculo.
 
El chico que alguna vez dejó Rosario para perseguir un sueño terminó siendo el capitán que llevó a Argentina hasta la cima del mundo.
 
Por eso hoy no alcanza con decirte gracias por los títulos.
 
Hay que agradecerte por todo lo que hubo antes.
 
Por las derrotas.
 
Por las críticas.
 
Por las lágrimas.
 
Por las noches en las que parecía que el sueño se escapaba.
 
Por haber elegido seguir cuando era mucho más fácil bajar los brazos.
 
Porque quizás ahí estuvo tu mayor grandeza.
 
No solamente en los goles.
 
No solamente en las gambetas.
 
No solamente en los trofeos.
 
Sino en haber seguido adelante.
 
Hoy, después de ese último partido ante España, cuesta imaginar una Selección Argentina sin vos.
 
Cuesta pensar que algún día habrá otro número 10 entrando a la cancha y que no vamos a buscarte automáticamente con la mirada.
 
Cuesta aceptar que ya no habrá otra última pelota para vos.
 
Otro Mundial.
 
Otra final.
 
Otro himno.
 
Otro abrazo con la camiseta argentina.
 
Pero también hay que saber cuándo dejar ir.
 
Y si realmente este es el final, queremos que sea con orgullo.
 
Porque vos cumpliste.
 
Cumpliste el sueño de aquel chico que solamente quería jugar para Argentina.
 
Cumpliste el sueño de millones.
 
Nos regalaste la Copa América.
 
Nos regalaste la Finalissima.
 
Nos regalaste el Mundial.
 
Pero, sobre todo, nos regalaste una generación entera de recuerdos.
 
Porque Messi estuvo en nuestras reuniones familiares, en los bares, en las plazas, en las escuelas, en los trabajos. Estuvo en cada partido que miramos con amigos. En cada gol que gritamos. En cada derrota que sufrimos. En cada abrazo después de una victoria.
 
Crecimos viéndote jugar.
 
Y ahora que te vas, también sentimos que se va una pequeña parte de nosotros.
 
Por eso duele.
 
Duele porque no estamos despidiendo solamente a un futbolista.
 
Estamos despidiendo una época.
 
Pero no queremos que esta despedida quede marcada por la tristeza.
 
Queremos quedarnos con la imagen de vos levantando la Copa.
 
Con tus lágrimas.
 
Con tu sonrisa.
 
Con tus compañeros.
 
Con tu familia.
 
Con ese abrazo que parecía contener años de sufrimiento.
 
Queremos quedarnos con el Messi que nunca dejó de intentarlo.
 
Con el chico que soñó.
 
Con el hombre que resistió.
 
Con el capitán que finalmente pudo levantar la Copa del Mundo.
 
Y quizás esa sea la mejor enseñanza que nos dejaste: que los sueños pueden tardar, que las derrotas no son el final y que, incluso cuando la vida golpea fuerte, siempre existe una razón para volver a intentarlo.
 
Por eso, Leo, cuando llegue el momento de quitarte definitivamente la camiseta argentina, no habrá reproches.
 
No habrá preguntas.
 
No habrá nada que reclamar.
 
Solamente habrá un enorme gracias.
 
Gracias por cada gol.
 
Gracias por cada asistencia.
 
Gracias por cada gambeta.
 
Gracias por cada lágrima.
 
Gracias por cada abrazo.
 
Gracias por cada vez que elegiste ponerte la camiseta celeste y blanca.
 
Gracias por haber hecho que millones de argentinos volvieran a creer.
 
Y gracias por permitirnos decir que vimos jugar a Lionel Messi con la camiseta de la Selección Argentina.
 
Quizás algún día otros jugadores ocuparán tu lugar dentro de la cancha.
 
Habrá nuevos capitanes.
 
Nuevos números 10.
 
Nuevos sueños.
 
Pero hay algo que nadie podrá cambiar.
 
Tu historia ya está escrita.
 
Y está escrita con celeste y blanco.
 
Cuando ya no estés dentro de la cancha, Argentina va a seguir jugando.
 
La Selección seguirá buscando nuevos sueños.
 
Pero cada vez que suene el himno, cada vez que aparezca la camiseta número 10 y cada vez que un chico agarre una pelota e intente hacer una gambeta imposible, seguramente habrá algo de vos ahí.
 
Porque hay jugadores que pasan por la historia.
 
Y hay otros que se convierten en historia.
 
Vos sos de esos.
 
Por eso quizás esta no sea una despedida.
 
Quizás sea simplemente el momento de cerrar una carta que empezó hace muchos años y que, después de todo lo vivido, solamente puede terminar de una manera.
 
Gracias, Leo.
 
Gracias por tanto.
 
Gracias por todo.
 
Y hasta siempre, capitán.
 
Argentina te va a extrañar.
 
Pero nunca, jamás, te va a olvidar.
 
Porque el 10 que nos hizo sufrir, llorar, creer, soñar y finalmente levantar la Copa del Mundo...
 
ese 10 ya es eterno.

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