No descubrió Watergate ni confesó ser parte de una sociedad secreta de periodistas conspiradores. Pero en X la frase empezó a circular como una supuesta revelación, y ahí como siempre apareció Milei, listo para transformar los dichos del periodista en otra batalla cultural.
Milei convirtió una aclaración en una supuesta confesión
Poco después, Milei tomó el fragmento y publicó una respuesta brutal contra Pagni: "VALIOSA CONFESIÓN DE PAGNI QUE DEJA EN CLARO LA MIERDA HUMANA QUE ES Y SU JUEGO COBARDE". Después también apuntó contra Fernán Saguier, director de La Nación, al que vinculó con ese supuesto juego. También compartió una publicación de Santiago Caputo, que también interpretó los dichos de Pagni como una "confesión de parte".
El problema del razonamiento del Presidente está en cómo salta de una cosa a la otra. Pagni dijo que el periodismo interviene en política; Milei interpretó que estaba confesando hacer política partidaria escondido detrás del periodismo. Nada que ver una cosa con la otra.
Milei interpretó que Pagni confesaba ser un operador político y lo insultó duramente. Evidentemente no entendió la diferencia entre intervenir periodísticamente y hacer política partidaria. Foto: X
De ahí surge una de las particularidades de la pelea entre Milei y la prensa: el Presidente parte de la premisa de que la mayoría del periodismo tradicional es parte de una estructura de intereses enfrentada con su gobierno. Entonces cualquier crítica, incluso una reflexión sobre el propio oficio, para él es evidencia de que "se les cayó la careta".
Lo más irónico de todo es que Pagni también explicaba que los periodistas deben bancarse las consecuencias de intervenir en el debate público, y Milei con sus ataques terminó confirmando la premisa del periodista: insulto, descalificación personal y acusación de operar.