Sociedad

La crisis golpea a los peloteros: festejar un cumpleaños en un salón ya es un lujo

La caída del consumo impacta de lleno en los salones infantiles, que registran un 40% menos de reservas interanuales. El aumento de los alquileres, los servicios y los insumos pone en jaque a los comercios

Sábado 17 de Octubre de 2026

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10:27 | Sábado 17 de Octubre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

El cumpleaños infantil en un pelotero, una de las opciones tradicionales para reunir a familiares y amigos, se convirtió en un gasto difícil de afrontar para muchas familias argentinas. La crisis económica modificó los hábitos de consumo y golpeó con fuerza a los salones de fiesta, que registran una caída promedio del 40% en las reservas respecto del año pasado.

El escenario combina menos clientes, consultas que no se traducen en contrataciones y costos operativos cada vez más elevados. Los aumentos de los alquileres comerciales, las tarifas de los servicios públicos y el precio de los insumos básicos conforman una ecuación difícil de sostener para los pequeños empresarios del rubro. Como consecuencia, varios establecimientos debieron cerrar sus puertas, mientras otros evalúan si podrán continuar funcionando.

 

En una consulta de la Agencia NA, distintos referentes del sector describieron un panorama crítico y coincidieron en que atraviesan el momento más complicado desde la pandemia.

Menos reservas y negocios al límite

Luciano, propietario de CPequeño, un salón ubicado en el barrio porteño de Almagro, reconoció que la continuidad de su emprendimiento está en riesgo. “Es muy probable que en diciembre cerremos, estoy cansado de remarla”, manifestó al referirse a las dificultades para mantener el negocio en funcionamiento.

El comerciante explicó que, pese a haber mantenido congelados los precios de sus servicios durante el último año, no logró recuperar la demanda. La decisión de no trasladar los aumentos a los clientes tampoco fue suficiente para atraer nuevas contrataciones en un contexto en el que las familias priorizan otros gastos.

 

Frente a los elevados valores de los festejos tradicionales, muchas personas optan por propuestas de menor costo. “La gente tiene otras alternativas más económicas, como reunirse en una plaza y hacer juegos o ir al cine en grupo”, señaló Luciano.

La situación también afecta a quienes durante años encontraron en los cumpleaños infantiles su principal fuente de ingresos. Gonzalo, responsable de un pelotero en Parque Chacabuco, contó que debió modificar el lugar que ocupa el emprendimiento en la economía familiar.

“Este lugar fue el ingreso principal de mi familia durante muchos años, pero con la grave situación económica, lo dejamos como algo secundario, porque si bien sabemos que nos puede ayudar, no nos deja lo suficiente para vivir”, explicó.

Y resumió la realidad cotidiana del sector con una frase que refleja el desajuste entre el interés de los potenciales clientes y las contrataciones concretas: “Hay muy poco movimiento, mucha consulta, poca reserva”.

Cuánto cuesta festejar un cumpleaños en un pelotero

Los precios de los salones infantiles presentan diferencias importantes dentro del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), de acuerdo con la ubicación, los servicios incluidos y el día elegido para realizar el evento.

En barrios porteños como Caballito, Palermo y Belgrano, un festejo estándar puede costar entre $450.000 y $690.000. Estos paquetes suelen contemplar el uso de las instalaciones, los juegos para los chicos y un servicio básico de comida, aunque el monto final varía según las prestaciones contratadas y la franja horaria.

En ese escenario, algunos establecimientos apelan a promociones y propuestas integrales para evitar que la caída del consumo sea todavía mayor. Un ejemplo es un salón que ofrece un paquete completo por $489.000, un valor que refleja la búsqueda de precios competitivos en un mercado cada vez más condicionado por la pérdida de poder adquisitivo.

La presión de los gastos fijos obliga a los propietarios a revisar sus modalidades de trabajo y a flexibilizar condiciones que antes formaban parte de la oferta habitual. Sin embargo, reducir los precios también implica resignar rentabilidad, en un momento en el que los costos continúan condicionando la actividad.

Cumpleaños compartidos y menos servicios

Para abaratar el festejo, una de las alternativas que gana terreno es organizar cumpleaños compartidos. De esta manera, dos, tres o incluso cuatro compañeros de escuela pueden celebrar juntos y distribuir entre sus familias el costo del alquiler del salón y otros gastos.

La modalidad permite reducir el desembolso individual, aunque las condiciones dependen de cada establecimiento y, en algunos casos, pueden existir cargos adicionales.

También cambiaron los servicios complementarios que durante años representaron una parte importante de la propuesta comercial. Las cafeterías libres y los almuerzos o meriendas para los adultos perdieron presencia, mientras que algunos salones permiten que los invitados lleven sus propios termos para evitar consumos extra.

Las bebidas de primeras marcas y otras prestaciones adicionales también quedaron sujetas a una revisión. En ciertos espacios se reemplazaron por opciones más económicas, como dispensers de jugos, o por sistemas en los que cada adulto paga por separado lo que consume.

Los cambios muestran cómo los comerciantes intentan adaptar su oferta a presupuestos familiares cada vez más ajustados, sin dejar de cubrir los gastos necesarios para abrir sus puertas.

Las plazas, una alternativa frente a los altos precios

Mientras los salones intentan sostener la actividad, los espacios públicos se consolidan como una opción para quienes buscan celebrar sin afrontar el costo de un paquete integral.

Durante los fines de semana, plazas y parques se convierten en escenarios de cumpleaños organizados por las propias familias. Las tortas caseras, las lonas, las bebidas compradas en supermercados y los juegos al aire libre reemplazan parte de los servicios que ofrecen los establecimientos especializados.

Algunas familias también contratan animadores independientes, una alternativa que permite organizar actividades para los chicos sin pagar el alquiler de un salón completo.

La elección no responde necesariamente a una preferencia por los festejos al aire libre, sino que, en muchos casos, surge de la necesidad de ajustar los gastos. Así, una celebración que tradicionalmente implicaba reservar un espacio y contratar distintos servicios ahora exige comparar precios, recortar prestaciones o compartir costos con otras familias.

La caída de las reservas y el cierre de algunos negocios reflejan el impacto de la crisis sobre un rubro integrado, en gran medida, por pequeños emprendimientos. Para sus propietarios, el desafío ya no pasa solamente por conseguir nuevos clientes, sino por mantener una estructura de gastos que permita seguir abiertos.

En un contexto de menor consumo, el cumpleaños en un pelotero dejó de ser una opción al alcance de todos los bolsillos. Lo que antes formaba parte de las celebraciones habituales de la infancia hoy obliga a muchas familias a hacer cuentas y a los comerciantes a replantear sus negocios para intentar sobrevivir.

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