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La conductora de Masterchef se cansó de las especulaciones sobre su estado sentimental y se mostró acompañada por su novio y su familia en el comienzo del nuevo año. La sentida reflexión sobre lo que vendrá
Jueves 01 de Enero de 2026
18:04 | Jueves 01 de Enero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
El final de 2025 y el arranque de 2026 dejaron una marca indeleble en la vida de Wanda Nara, quien decidió abrir la puerta de su intimidad y compartir con sus seguidores imágenes que gritan mucho más de lo que parecen. La empresaria y cantante se mostró junto a Martín Migueles en una serie de postales familiares y románticas que sorprendieron a todos, especialmente después de los rumores sobre una crisis en la pareja.

La primera imagen fue contundente. Wanda y Martín aparecen juntos, sumergidos parcialmente en una piscina bajo la luz dorada de la tarde. Él la besa en la mejilla, ella mira directamente a la cámara, seria, con una expresión que no deja lugar a dudas. La mano de Wanda, con uñas rojo intenso y pulseras brillantes, reposa sobre el hombro de Martín, dejando ver un tatuaje en su piel. El agua realza la cercanía, la unión, la intimidad. En la base de la imagen, una frase clave: “Gracias 2025 por tanto amor verdadero”. No es una frase más. “Amor verdadero” fue el título que Wanda eligió para definir su relación con Mauro Icardi con un videoclip y, tras la separación, volvió a grabar el tema junto a L-Gante.
El relato visual sigue en la playa de Punta del Este, donde el mar y la arena son testigos de una escena cargada de simbolismo. En la orilla, cinco chicos juegan con las olas, algunos se agachan, otros observan de pie. Detrás, en primer plano y casi de espaldas, Migueles contempla la escena con las manos en los bolsillos, vestido con un conjunto de rayas claras. Descalzo sobre la arena, parece absorber el momento. El cielo, cubierto de nubes pinceladas de sol, enmarca la escena y le otorga un aire de postal de verano.
“Último atardecer 2025 jugando con los abuelos a orillas del mar. Chau 2025”, reza la frase de otra de las instantáneas. Y de nuevo, la geografía no es casual. Es el escenario que la empresaria elige una y otra vez para cerrar ciclos y abrir otros, para rodearse de los suyos y dejar en claro que, pese a cualquier tempestad mediática, la familia y el amor ocupan el centro de su universo.
Cuando cae la noche, la celebración cobra otro sentido. Los fuegos artificiales iluminan el cielo y, bajo ese estallido de luz, Wanda y Martín aparecen juntos nuevamente. Ella, de vestido blanco y largo, lo mira mientras sostiene una botella; él, con bermudas y camisa al tono, le corresponde la mirada. La imagen, ligeramente desenfocada por el movimiento y la penumbra, transmite complicidad y alegría en el preciso instante en que comienza el nuevo año.
El mensaje de familia y pertenencia se refuerza en otra fotografía: seis chicos —hermanos y Carola, la novia de Valentino — se abrazan de espaldas, mirando los fuegos artificiales. Vestidos en tonos claros, con shorts, vestidos, zapatillas y sandalias, se sostienen en un abrazo colectivo de espaldas a la cámara, frente al mar. En la imagen se lee: “Así unidos hermanos y mejores amigos para toda la vida”. No es una simple foto de grupo, es una declaración de unidad, de lazos que trascienden los apellidos y los vaivenes de la vida pública.
La postal de la casa tiene su propio relato. Una vivienda moderna, blanca, se recorta en el paisaje verde y bajo un cielo rosado del atardecer. Wanda entonces escribió una profunda reflexión sobre este nuevo comienzo. “Les deseo a todos un feliz fin de año rodeados de amor, y de los únicos valores de la vida: la familia. Esta casa era mi sueño, la compré sola y para que mis hijos tengan un lugar donde venir cada año de sus vidas a coleccionar recuerdos inolvidables, la casa es increíble pero sin todos adentro no sería nada. Mamá, papá, hermana, mis cinco hijos y mi amor hacen que sea el mejor fin de año. Así lo despido y así lo empiezo con mis amores verdaderos”. Hay una reivindicación de la autonomía, del esfuerzo propio; pero, sobre todo, hay un reconocimiento explícito de quiénes forman hoy el núcleo afectivo de Wanda Nara.
En otro momento, la empresaria se retrata a sí misma frente a un espejo dentro de la casa, con un vestido tejido beige y la espalda desnuda, el pelo rubio cayendo en ondas suaves. La mesa larga, las copas dispuestas, la ambientación luminosa: detalles que completan el cuadro de una celebración íntima y a la vez compartida.
La serie de fotos —los abrazos, los juegos en la arena, los fuegos artificiales, la casa, el espejo— se convierte en una crónica visual de un fin de año distinto. Wanda Nara elige la exposición, la palabra y el gesto como respuesta a todo lo que se dice, se supone o se inventa sobre ella. Y lo hace con una contundencia que no admite dudas: el amor, la familia y los verdaderos amigos, como escribió, son los únicos valores que importan. Los demás, solo pueden mirar.





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