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Las claves de la economía de Venezuela en medio de la máxima tensión que dejó el operativo de Estados Unidos

La escalada cambiaria, la pérdida de poder adquisitivo y las proyecciones de crecimiento conviven con una crisis social profunda. Los ejes para entender un escenario marcado por la presión internacional y un modelo condicionado por el dólar.

Miércoles 07 de Enero de 2026

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09:05 | Miércoles 07 de Enero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

La economía venezolana cerró 2025 atravesada por desequilibrios persistentes que condicionan el escenario político y social. La inflación volvió a acelerarse, el salario mínimo quedó licuado en dólares y el tipo de cambio profundizó la brecha entre el mercado oficial y el paralelo. Todo ocurre mientras se suma un nuevo factor de tensión externa por el operativo de Estados Unidos para capturar al líder chavista Nicolás Maduro.

Según estimaciones de economistas consultados por TN, la inflación de diciembre fue del 33% y el índice anual alcanzó el 660%. El Banco Central de Venezuela dejó de publicar datos oficiales en octubre de 2024, lo que obliga a recurrir a proyecciones privadas y de organismos internacionales para dimensionar el deterioro de precios y el impacto sobre el consumo.

Al mismo tiempo, organismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) alertaron sobre el agravamiento de la crisis social. Unicef advirtió que el deterioro económico, el colapso de los servicios y la violencia aumentaron la vulnerabilidad de millones de personas, en especial niños y adolescentes, en un contexto de alta fragilidad institucional.

Inflación crónica y salarios en mínimos históricos

La escalada inflacionaria sigue siendo uno de los rasgos centrales de la economía venezolana. Bloomberg News estimó que la inflación se disparó al 556% en los últimos 12 meses hasta el 17 de diciembre, muy por encima de los registros de mediados de año y del cierre de 2024. En paralelo, economistas citados por agencias internacionales evaluaron que la suba de precios en dólares rondó el 32% durante 2025.

El salario mínimo permanece congelado en 130 bolívares desde 2022, lo que equivale hoy a unos US$0,43 al tipo de cambio oficial (Foto: Maxwell Briceno/Reuters).
El salario mínimo permanece congelado en 130 bolívares desde 2022, lo que equivale hoy a unos US$0,43 al tipo de cambio oficial (Foto: Maxwell Briceno/Reuters).

El impacto sobre los ingresos es directo. El salario mínimo permanece congelado en 130 bolívares desde 2022, lo que equivale hoy a unos US$0,43 al tipo de cambio oficial. De acuerdo con datos citados por EFE, más de 5,5 millones de empleados públicos y unos 4,5 millones de jubilados reciben ingresos atados a ese piso salarial. Un economista consultado por la agencia advirtió que llevar el salario mínimo a US$250 “excedería con creces la totalidad de los ingresos por exportación petrolera y recaudación tributaria” y remarcó que “no hay suficientes recursos estatales para elevar el salario mínimo a esas magnitudes”.

El Gobierno compensó la falta de aumentos con bonos, entre ellos uno de alimentación de US$40 y otro denominado ingreso de guerra económica de US$120, que no impactan en los beneficios laborales. Organizaciones sociales cuestionan ese esquema y recuerdan que el costo de la canasta básica superó los US$500, según los últimos datos disponibles.

El dólar como termómetro de la crisis

La dinámica cambiaria volvió a tensionarse en 2025. El bolívar se depreció un 82,7% frente al dólar en el año, según cifras oficiales del Banco Central de Venezuela, y el tipo de cambio pasó de 52,02 a más de 301 bolívares. Solo en diciembre, el dólar oficial subió un 21,8%.

En un país ampliamente dolarizado de hecho desde 2018, la brecha con el mercado paralelo se amplió de manera sostenida. Mientras el dólar oficial rondó los 300 bolívares, en el mercado no regulado se ubicó cerca de los 560, una diferencia de al menos 85%. Agencias internacionales señalaron que alrededor del 80% de las operaciones cambiarias se concentran en plataformas vinculadas a criptomonedas, que funcionan como referencia del dólar paralelo.

Esta distorsión alimentó la inflación y reforzó la dolarización informal de precios y servicios, en un contexto de escasez de divisas en efectivo y pérdida de confianza en la moneda local.

Crecimiento con dudas y costo social

Pese a los indicadores negativos, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) proyectó un crecimiento del PBI del 6,5% para Venezuela en 2026, el más alto de la región. El organismo vinculó ese desempeño al aumento de la producción petrolera por encima del millón de barriles diarios, aunque economistas pusieron en duda la sostenibilidad de esa expansión.

Sin embargo, las estimaciones son previas al operativo de Estados Unidos para detener a Maduro.

La economía venezolana depende en gran medida de su producción de crudo, que cayó exponencialmente desde más de 3 millones de barriles diarios a menos de 700.000 (Foto: Reuters).
La economía venezolana depende en gran medida de su producción de crudo, que cayó exponencialmente desde más de 3 millones de barriles diarios a menos de 700.000 (Foto: Reuters).

“Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera”, afirmó Donald Trump. Para que Venezuela pase de los 700.000 barriles diarios actuales a los más de 3 millones que llegó a alcanzar requerirá de altos desembolsos. En 2023, el profesor de EAE Business School Javier Rivas, citado por EFE, ya calculaba más de US$250.000 millones.

El escenario externo agrega incertidumbre. Venezuela sigue bajo embargo petrolero de Estados Unidos desde 2019 y las restricciones se endurecieron a comienzos de diciembre, cuando Washington ordenó impedir el tránsito de buques sancionados. Analistas previeron consecuencias económicas si la medida se extiende durante 2026 sin una salida real al conflicto.

Desde Unicef, el vocero para Italia, Andrea Iacomini, advirtió a la Agencia ANSA que “una inflación crónica descontrolada sigue erosionando el poder adquisitivo de las familias, perjudicando su acceso a la atención sanitaria, la comida y casi todos los servicios de los que un niño necesita vitalmente”, y señaló que para 2026 se prevé que 7,9 millones de personas necesiten asistencia humanitaria, de las cuales 3,9 millones serán niños.

En ese marco, la economía venezolana muestra un cuadro de fuertes contrastes, con proyecciones de crecimiento que conviven con una crisis social profunda, alta inflación y salarios prácticamente simbólicos, mientras la presión internacional suma un nuevo factor de inestabilidad.

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