En diálogo con Fénix, el analista explicó el escenario que se abre tras la salida de Nicolás Maduro, el rol de Estados Unidos y las tensiones internas que atraviesa el poder en Venezuela.
10:23 | Jueves 08 de Enero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La salida de Nicolás Maduro del gobierno venezolano abrió un escenario político inédito en la región, marcado por una fuerte presión internacional y un proceso de transición que aparece como largo y complejo. Para analizar este nuevo contexto, Fénix dialogó con Francisco Resnicoff, investigador senior del Centro de Estrategias Internacionales de Gobiernos y Organizaciones Sociales de la Universidad Austral.
El especialista consideró que el desenlace sorprendió a nivel global tanto por la forma como por sus consecuencias inmediatas. “El tipo de operación que llevó adelante Estados Unidos es muy inusual, no es común que una potencia ingrese a un país y retire a su presidente, pero también resulta llamativo lo que ocurrió en los días posteriores”.
Según explicó, en esta primera etapa se observa un fuerte pragmatismo por parte de la administración estadounidense. “No se está hablando de un cambio de régimen ni de una democratización inmediata, esos objetivos aparecen como parte de una estrategia de muy largo plazo”.
En ese marco, remarcó que el interés central de Washington está puesto en los recursos energéticos. “El objetivo primario tiene que ver con el petróleo y con garantizar que esos recursos no terminen en manos que Estados Unidos considera inapropiadas”.
Resnicoff sostuvo que esa lógica explica la disposición a negociar con sectores del propio madurismo que permanecen en el poder. “Si quienes pueden garantizar estabilidad forman parte del gobierno que quedó a cargo, entonces se los considera interlocutores válidos, aunque eso genere sorpresa y frustración en muchos sectores”.
El analista advirtió que esta situación ya genera tensiones internas dentro del oficialismo venezolano. “Hay una parte del gobierno que parece dispuesta a aceptar las condiciones que impone Estados Unidos como única alternativa para conservar el poder, y otra que rechaza ese camino y habla de una violación a la soberanía”.
Consultado sobre el impacto social, señaló que la salida de Maduro no implica una mejora inmediata en la vida de la población. “La dictadura dejó una debacle económica sin precedentes, con una caída brutal del PBI per cápita, niveles extremos de pobreza y enormes dificultades para acceder a servicios básicos”.
En relación al plan petrolero impulsado desde Washington, advirtió que la capacidad productiva del país se encuentra profundamente deteriorada. “Hace dos décadas Venezuela producía más de tres millones de barriles diarios y hoy no llega al millón, recuperar esa infraestructura demandaría inversiones millonarias y muchos años de trabajo”.
Sobre la posibilidad de conflictos internos, explicó que por el momento no se observa una fractura decisiva dentro de las fuerzas armadas. “Mientras las fuerzas de seguridad se mantengan unidas es difícil que se produzcan rupturas, aunque el escenario es muy dinámico y puede cambiar rápidamente”.
Finalmente, consideró que una presencia militar prolongada de Estados Unidos implicaría riesgos elevados. “Desmantelar completamente la estructura que dejó el madurismo requeriría un esfuerzo mucho mayor y podría derivar en un conflicto prolongado, algo que Estados Unidos va a intentar evitar”.