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A través del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), el Ministerio de Economía reglamenta un nuevo sistema de cese que convierte a los gremios en inversores del mercado de capitales.
Miércoles 25 de Marzo de 2026
08:54 | Miércoles 25 de Marzo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
A toda velocidad, el gobierno acelera la reglamentación final de uno de los capítulos donde más esperanzas hay en la aplicación de la ley de modernización laboral. La creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), con la que el ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, quiere revolucionar el sistema financiero y laboral argentino; creando un nuevo instrumento de inversión dentro del mercado de capitales local.
La intención es formatear una nueva generación de “Sindicatos Capitalistas” que adhieran el nuevo régimen de reemplazo voluntario del sistema de indemnizaciones sectorial, y se conviertan en “inversores”, eligiendo a la par de los empleadores y los grandes “brokers” criollos, donde poner el dinero de los empleados potencialmente despedidos en un futuro más o menos cercano. En los últimos 10 días hubo reuniones de intensidad plena con representantes de bancos y fondos de inversión, para poner en practica el mecanismo de crear un fondo de aplicación para los futuros despidos, con lo que además se instrumentaría un nuevo instrumento de acción directa sobre el merado de capitales.
Habrá algo revolucionario en el nuevo régimen. La aparición de los “Sindicatos Capitalistas”: convertir a los gremios y sindicatos que adhieran al régimen, en accionistas de los futuros fondos de inversión alimentados con dinero proveniente de los aportes voluntarios a los futuros regímenes vinculados al “Fondo de Cese Laboral”; o, más popularmente llamados, “Fondo de Despido” que operarán formalmente dentro del FAL. Si fin formalmente la intención surge en momentos de muy mala relación entre el Gobierno nacional libertario y la conducción clásica y obligatoriamente “combativa” de la Confederación General de Trabajo (CGT); hay una sospecha permanente que por los túneles de las negociaciones con la entidad se haya acordado cierta pasividad (más allá del paro del jueves) para que la Modernización Laboral sea una realidad. Existe firmemente que en realidad hay puentes sólidos entre ambas partes, y disposición mutua a negociar cuando surgen temas importantes que unan a las dos comarcas. Como, por ejemplo, el mantenimiento de la gran caja de la casta: los aportes a los gremios y a las obras sociales; dos de los capítulos que primero se eyectaron en las negociaciones para que la ley avance en el Senado
La idea parte de los laboratorios del Ministerio de Desregulación de Federico Sturzenegger, y apunta a cambiar, de raíz, la relación entre el Gobierno, el mundo sindical y los trabajadores en relación de dependencia; desde la visión donde el Ejecutivo ve el punto de contacto entre las partes: el dinero. Y la manera en que puede solucionarse de raíz uno de los problemas más complejos a los que siempre apuntan los privados: cómo solventar un sistema de despidos extremadamente costoso; al punto de convertirse en una traba sustancial en el momento de evaluar la contratación de nuevos empleados en relación de dependencia. Esto es, en blanco.
La intención es replicar una experiencia aparentemente exitosa traída de las huestes de la Unión Obrera de la Construcción (Uocra) y la Cámara Argentina de la Construcción (Camarco); el que regula de manera flexible el momento en que un trabajador del gremio queda sin actividad por la finalización de una obra. El mecanismo de este “Fondo de Cese Laboral”, amparado por ley, reemplaza a la indemnización por antigüedad y es financiado con aportes mensuales del empleador. Este porcentaje es del 12% durante el primer año de la relación laboral y del 8% a partir del segundo año, y en caso de despido o finalización de obra, el trabajador puede retirar el dinero acumulado en el fondo. Para esto debe tener al menos ocho meses de trabajo con aportes en los últimos dos años anteriores al despido o finalización de obra. Con matices, es el esquema que se quiere implementar con el FAL. Según la norma, el Sistema, es voluntario (a través del aval de los gremios) y se establece desde el Convenio Colectivo de trabajo correspondiente. Y aquí viene la novedad capitalista: se administrará a través de Fondos Comunes de Inversión Abiertos (“FCI”) o Fideicomisos Financieros (“FF”), con la participación directa en el esquema de decisión de los sindicatos que lo formen. Dicho de otra manera, los gremios podrán incorporar integrantes a la sociedad que tomará decisiones de inversión financiera o real para manejar el dinero que los trabajadores y privados aportaran al fideicomiso, de donde saldrá la plata para pagar futuras indemnizaciones. Podrán decidir, por ejemplo, si esos fondos se colocan en obras de infraestructura, empresas con potencial crecimiento y emprendimientos privados con futuro; o, en su defecto, apuestas financieras como plazos fijos, acciones, bonos, obligaciones negociables, letras públicas, o, porqué no, algún “carry trade”. Todo vale en un fideicomiso avalado y fiscalizado por la CNV, más en tiempos libertarios. Y, en una país abierto, incluso con sindicatos tradicionales y “Gordos” como accionistas. Y, porqué no, también de tendencia de izquierda.
Entre los principales ítems, el régimen propone que:
En relación a los fondos de inversión, la CNV marca que:
Por default, los petroleros, el agro, mineros y los empleados de los otros sectores (no muchos por cierto) que están en bonanza podrían ser de los primeros en sumarse. Sin embargo, en la mira, están los camioneros, comercio y la industria en general (incluyendo, obviamente, la UOM); donde las retribuciones de los afiliados pueden ser una fuente de aportes inolvidable para los fondos de inversión.
La idea es convertir a los popes sindicales, especialmente a los más Gordos, en administradores de fondos de inversión. Y que desembarquen en el mundo “trader” y conozcan sus bondades. Especialmente la de multiplicar dinero, desde el mercado de capitales. Y, lo mejor, estar por arriba de los bancos y profesionales de la administración de fondos, una tarea que siempre es rendidora.
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