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Estudiantes argentinos competirán en un Mundial de robótica con un auto autónomo: “Vamos a ir a ganar”

Un equipo de alumnos de la Universidad Nacional de La Matanza fue seleccionado por segunda vez para participar en un prestigioso evento con un vehículo capaz de interpretar su entorno, tomar decisiones y desplazarse sin intervención humana.

Domingo 26 de Abril de 2026

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10:07 | Domingo 26 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

Un grupo de estudiantes argentinos de ingeniería fue seleccionado por segunda vez para participar en la Bosch Future Mobility Challenge, una competencia internacional de conducción autónoma que se realizará el 19 y 20 de mayo en Rumania.

El equipo, conformado por alumnos de la Universidad Nacional de La Matanza, competirá en el desafío con un vehículo capaz de interpretar su entorno, tomar decisiones y desplazarse sin intervención humana.

 

La iniciativa combina inteligencia artificial, visión por computadora y sistemas informáticos. El objetivo es que el auto recorra un circuito respetando carriles, señales de tránsito y condiciones variables del entorno, además de reaccionar ante peatones y otros vehículos.

“Se trata de desarrollar algoritmos para que el vehículo funcione de manera autónoma”, explicó a TN Tecno Dylan Quiroga, estudiante de Ingeniería Electrónica y team leader del grupo. “Tiene que ser capaz de tomar decisiones como mantenerse en el centro del carril, frenar si detecta que el semáforo está en rojo o que hay un peatón atravesando la calle, acelerar si detecta un inicio de ruta y responder a diversas situaciones que se pueden presentar, como neblina, túneles y rampas”.

Cómo funciona el auto autónomo que desarrollan los estudiantes

Estudiantes argentinos competirán en un Mundial de robótica con un auto autónomo: “Vamos a ir a ganar”. (Foto: Juan Pablo Chaves)
Estudiantes argentinos competirán en un Mundial de robótica con un auto autónomo: “Vamos a ir a ganar”. (Foto: Juan Pablo Chaves)

El vehículo, del tamaño de una caja de zapatos, integra distintos sistemas que trabajan en conjunto. “El auto está dotado de diversos sensores que le permiten saber exactamente su posición mediante una realimentación que se hace con la detección de la cámara. La cámara tiene dos sistemas: uno que se encarga de detectar los carriles, lo que permite que el auto se mantenga en el centro, y un modelo de inteligencia artificial, que entrenamos nosotros, que es capaz de detectar todo lo que se puede atravesar en su camino”, detalló Quiroga.

El proceso de entrenamiento es uno de los aspectos centrales del proyecto. Los estudiantes construyen bases de datos de imágenes que luego etiquetan manualmente para enseñar al sistema a identificar señales de tránsito, peatones y otros elementos del entorno. “Ese procedimiento lo repetimos muchas veces y, cuando ya tenemos un conjunto muy grande de imágenes, iniciamos el entrenamiento de la red neuronal”.

A partir de ese aprendizaje, el auto puede ejecutar acciones como mantenerse en el centro del carril, frenar ante un semáforo en rojo, reducir la velocidad en cruces peatonales, detectar el inicio o fin de una ruta y decidir maniobras como giros o cambios de dirección. “Nuestro auto tiene la capacidad de reconocer el centro del carril y mantenerse mediante un algoritmo de visión artificial”, señaló Quiroga. “Todo esto son cosas que el auto está viendo en tiempo real y que también nos permiten visualizar a nosotros para poder hacer un seguimiento”.

Cómo es la competencia y qué evalúan los jueces

La Bosch Future Mobility Challenge reúne a equipos universitarios de distintos países. En esta edición, el proceso comenzó con 120 equipos y terminó con 22 finalistas. Argentina es el único país de Sudamérica que logró clasificarse a esta instancia.

Para Quiroga, esa presencia tiene un valor especial no solo por el resultado, sino también por el contexto. El equipo ya participó el año pasado, y esa experiencia les permitió entender mejor cómo se compite en un certamen de este tipo, qué decisiones técnicas resultan más efectivas y qué aspectos debían mejorar para esta nueva edición.

Según explicaron los estudiantes, en Rumania tendrán primero tres días de pruebas sobre una pista bastante más grande que la que usan habitualmente. Allí deberán comprobar que cada función responda como esperan: seguimiento de carril, estacionamiento, detección de señales y reacción ante distintos eventos del recorrido. Después llegará la semifinal, donde deberán exponer ante los jueces las estrategias implementadas en el auto y, más tarde, afrontar la prueba técnica mientras responden preguntas en otro idioma sobre el funcionamiento del sistema.

Evelyn Castro, estudiante de Ingeniería Electrónica e integrante del equipo, explicó que la evaluación no se limita a que el vehículo complete el trayecto. También influye la calidad de los reportes mensuales que los organizadores reciben desde diciembre, junto con videos de avance. Ya en la pista, el vehículo debe recolectar checkpoints distribuidos en el mapa, en una lógica que la joven comparó con el Pac-man. “Cada punto suma, pero las infracciones restan, por lo que la estrategia no pasa solo por avanzar, sino por elegir bien el recorrido y minimizar errores”, aseguró.

Esa combinación entre performance técnica, consistencia en el desarrollo y capacidad de resolver el circuito es la que define la clasificación final. Y ahí aparece uno de los elementos que más entusiasman al grupo: ya conocen a varios de los equipos fuertes, vieron qué estrategias usaron en la edición anterior y aprovecharon esa experiencia para mejorar su propio código.

Qué diferencia al equipo argentino

El grupo asegura que la experiencia acumulada y la forma en que trabaja en Argentina pueden transformarse en una ventaja competitiva. Quiroga planteó ese diferencial con una definición simple: “Estamos muy acostumbrados a hacer sistemas buenos, bonitos y baratos”.

Más allá de la frase, la idea apunta a una lógica de desarrollo muy concreta: resolver problemas complejos con recursos limitados, optimizar herramientas disponibles y sostener un proyecto técnico exigente sin la infraestructura que pueden tener otras universidades o países. En un desafío internacional de este tipo, esa capacidad de adaptación también pesa.

Castro, por su parte, fue todavía más lejos con la expectativa del equipo. Dijo que esta vez van a ir a ganar. No lo planteó como una consigna vacía, sino a partir de lo que aprendieron en su participación anterior, del intercambio que tuvieron con otros competidores y del trabajo de mejora que hicieron sobre el código original.

Un proyecto con aplicaciones más allá de la competencia

Aunque el auto fue diseñado para una pista a escala, el desarrollo tiene proyección fuera del certamen. El equipo ve posibles aplicaciones en robótica de almacenamiento, sistemas autónomos para logística, robots cuadrúpedos capaces de definir rutas y desplazarse por terrenos complejos, e incluso en el futuro de los vehículos autónomos de tamaño real.

Quiroga aclaró que un auto a escala no tiene la misma complejidad que uno pensado para transportar personas, pero remarcó que ambos siguen principios similares. Cambia la tecnología y cambia la escala del problema, pero la lógica de percepción, decisión y control conserva una base común.

En paralelo, para los estudiantes también se trata de una experiencia formativa. Participar en una competencia así les permite medir su nivel frente a pares de otros países, contrastar métodos de trabajo y construir vínculos con futuros colegas. En palabras de Quiroga, es una forma de entender qué tan bien parados están como profesionales frente al resto del mundo.

Un equipo de alumnos de la Universidad Nacional de La Matanza fue seleccionado por segunda vez para participar en un prestigioso evento con un vehículo capaz de interpretar su entorno, tomar decisiones y desplazarse sin intervención humana. (Foto: Juan Pablo Chaves)
Un equipo de alumnos de la Universidad Nacional de La Matanza fue seleccionado por segunda vez para participar en un prestigioso evento con un vehículo capaz de interpretar su entorno, tomar decisiones y desplazarse sin intervención humana. (Foto: Juan Pablo Chaves)

La búsqueda de sponsors para viajar a Rumania

El obstáculo más importante ya no está en el código ni en los sensores, sino en el presupuesto. Para poder viajar a Rumania y competir en la semifinal, el equipo, que está integrado por Evelyn Castro, Gastón Bertolani, Carolina Lara Núñez, Cristhian Cárdenas y Dylan Quiroga, estudiantes de Ingeniería Electrónica e Informática de la Universidad Nacional de La Matanza, necesita apoyo económico.

Según contaron, ya cuentan con un primer sponsor, pero necesitan sumar más respaldo para que todos los integrantes puedan viajar: “El traslado es la parte más costosa de toda la experiencia. Por eso estamos buscando sponsors o personas interesadas en darnos una mano”, resumió Castro. La intención es conseguir el apoyo necesario para representar a la Argentina en una competencia internacional en la que ya lograron abrirse un lugar entre los mejores equipos del mundo.

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