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Empleo privado en caída: La Rioja espera que la reforma laboral revierta la tendencia

Por EDUAREDO GERMAN...Mientras 7 de cada 8 provincias pierden empleados formales, los economistas advierten que sin «efecto derrame» de los sectores dinámicos, la recuperación será lenta y desigual.

Domingo 26 de Abril de 2026

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11:42 | Domingo 26 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

La cifra que resume el fracaso es brutal: 2,7%. Ese es el desplome del empleo privado formal promedio entre el tercer trimestre de 2023 y el mismo período de 2025. Pero como ocurre siempre con los promedios, el número oculta una realidad mucho más inquietante. En realidad, esa caída está distribuida de forma profundamente desigual: solo tres provincias crecen. Las otras 21 pierden trabajadores registrados. Es un colapso concentrado, un naufragio que toca prácticamente a todas partes menos a los lugares que mejor ubicados estaban para crecer.

Neuquén lidera con la expansión petrolera de Vaca Muerta. Tucumán y Río Negro le siguen, con ventajas en minería y agroindustria respectivamente. El resto, entre los que está La Rioja, enfrenta un panorama desolador. Las provincias que dependen de obra pública o transferencias nacionales fueron golpeadas de frente por el ajuste fiscal del gobierno Milei. La construcción, que responde directamente al ciclo económico y a la disponibilidad de fondos públicos, se contrajo de manera pronunciada. En Santa Cruz, el cierre temporal de la obra de represas sobre el río Santa Cruz dejó a miles en la calle. En provincias como La Rioja, donde la obra pública es un sostén económico, la realidad fue similar.

El problema central es que no hay «efecto derrame». El Ieral de Fundación Mediterránea, en su análisis de la Secretaría de Trabajo, lo deja claro: los sectores que crecen —minería, energía, complejos agrarios exportadores— no generan empleo en el resto de la economía. Neuquén es la excepción que prueba la regla: allí el empleo creció casi transversalmente. Pero en las otras provincias dinámicas, el crecimiento quedó circunscrito. Los encadenamientos productivos simplemente no existen, o son tan débiles que no transmiten la expansión. Una empresa minera en San Juan contrata a sus operarios, pero no dispara la demanda en comercio, servicios o construcción.

Los economistas advierten que para que el «efecto derrame» ocurra se requiere un entorno favorable a los encadenamientos. Sin él, el crecimiento se concentra y los impactos sobre el empleo total resultan «acotados». La alternativa —un modelo de crecimiento de islas desconectadas— beneficia a provincias de la periferia dinámica, como Neuquén, pero deja al interior en la penuria. La Rioja, Formosa, Chaco, Santiago del Estero: espacios donde la obra pública y las transferencias nacionales eran la principal fuente de ingresos laborales. Ahora están compitiendo en un terreno donde pierden.

 

La construcción fue la carnecería. No es un sector más, es el termómetro adelantado de la economía. Su contracción refleja el ajuste en curso, pero también anticipa algo más grave: si los fondos no fluyen, si las provincias no reciben coparticipación suficiente, el desplome no revierte. Es matemático. La construcción combinaba «riesgo elevado en el corto plazo con potencial de rebote en una fase expansiva», escribió Jorge Day del Ieral. Pero primero hay que llegar a esa fase expansiva, algo que hoy parece remoto.

Los economistas están divididos. Ricardo Arriazu advierte que el principal problema político para Milei es el conurbano bonaerense, donde la falta de empleo privado formal es aguda. Roberto Frenkel, más escéptico, plantea que aunque el tipo de cambio se mantenga, no habrá creación de empleo en sectores transables vinculados al mercado interno en un contexto de apertura. El gobierno, por su lado, promueve las estadísticas de monotributistas. El secretario de Trabajo, Julio Cordero, habla de «mayor participación de los trabajadores en el ingreso nacional» y «recuperación del salario real». Los números son tan discutibles como las intenciones.

La reforma laboral modernizada es la bala de plata prometida. Juan Luis Bour, economista jefe de FIEL, cree que el cambio es fundamental, aunque sus efectos son limitados en el corto plazo. La ley permite que nuevas empresas negocien convenios directamente con los trabajadores, sin los sindicatos de cúpula. Es un cambio de paradigma: en lugar de convenios nacionales que apliquen en todas partes, convenios por empresa. Para Bour, esto beneficia principalmente a empresas de nueva radicación y a provincias alejadas de Buenos Aires. La Rioja podría ganar aquí: una empresa textil o de manufactura que se instale en la provincia podría negociar condiciones laborales fuera de los acuerdos generales que capturan los sindicatos porteños.

Pero Bour también es realista. El pesimismo actual en torno al empleo responde a que en los últimos quince años solo creció el empleo informal, de baja calidad. Los ciclos de recuperación fueron breves; cada recesión los borraba. Si el empleo formal vuelve a responder a esa lógica, la reforma laboral será apenas un parche. «Para que esto se revierta se necesita no solamente estas reformas sino también que la economía se mueva», dice Bour. Este año, estima, el crecimiento será de 0,2% a 0,3%. Es efectivamente una meseta de actividad, con algunos sectores en crecimiento y otros en caída. Eso no es una base para empleo de escala.

Enfoque La Rioja. La provincia enfrenta una paradoja incómoda: necesita la reforma laboral para que nuevas inversiones se instalen en su territorio, pero mientras tanto carece de la obra pública que esos nuevos emprendimientos podrían complementar. La minería creció en San Juan y Salta, pero La Rioja quedó al margen. Los fondos nacionales se contrajeron. El empleo privado formal cayó. Quintela negocia coparticipación avanzada con Milei a cambio de apoyo electoral, pero esos recursos no llegan en cantidad suficiente para revertir una tendencia que es estructural, no coyuntural. La reforma laboral puede abrir puertas para firmas que decidan venir. Pero primero, la provincia necesita que haya algo que venga. Sin un plan de atracción de inversiones paralelo al cambio normativo, la reforma laboral será un arma sin balas.

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