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Su abuelo vendió el primer televisor argentino a color del país, luego quebró y él tuvo una idea para salvar a otros comerciantes

Lucas Valeggani creció entre electrodomésticos en Avellaneda y vio cómo la empresa fundada por su abuelo se apagaba después de 50 años. “Me sentí con culpa por no haber podido ayudar a mi familia”, dice a TN

Lunes 13 de Julio de 2026

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08:54 | Lunes 13 de Julio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

En la familia Valeggani hay una historia que se repitió durante décadas, casi como un legado. José Fuoco, el abuelo materno de Lucas, solía contar con orgullo que su empresa, Canal Argentino, había sido la primera en vender televisores a color fabricados en el país. Eran fines de los años 70 y principios de los 80. Hasta ese momento, esos equipos solo podían conseguirse importados, pero una fábrica nacional comenzó a producirlos y Canal Argentino fue uno de los comercios elegidos para comercializarlos e instalarlos en el Gran Buenos Aires.

La imagen que José recordaba una y otra vez era la de Pinky anunciando el comienzo de la televisión a color con su célebre frase: “Señoras y señores, con ustedes, la televisión a color”. “Mi abuelo siempre decía que nosotros habíamos vendido la primera televisión a color en la Argentina”, cuenta Lucas a TN.

La empresa había nacido en los años 70 y llegó a tener cuatro locales de artículos para el hogar y electrodomésticos en el Gran Buenos Aires. Con el tiempo, el negocio pasó a manos de los hijos de José y más adelante quedó bajo la conducción de Rubén y Patricia, los padres de Lucas.

Para él, era mucho más que el trabajo de la familia: era el escenario de su infancia. “Mi papá me llevaba al negocio, me dejaba jugar en las computadoras y me enseñaba a repararlas. Es uno de los recuerdos más lindos que tengo con él”, recuerda.

Pero esa etapa terminó demasiado pronto. Cuando Lucas tenía apenas 11 años, su papá murió. Patricia quedó sola al frente del negocio y, además, siguió dando clases como profesora de Tecnología en una escuela de Lanús porque el sueldo del comercio no alcanzaba para sostener a la familia.

Junto a su abuela, en el comercio que cerró en 2017 (Foto: Lucas Valeggiani).
Junto a su abuela, en el comercio que cerró en 2017 (Foto: Lucas Valeggiani).

“La vi siempre súper estresada. Tenía que gestionar la empresa y al mismo tiempo seguir siendo profesora. Creo que es una historia muy repetida en la Argentina”, dice. Aquella imagen de su mamá intentando llegar a todo terminó marcando buena parte de las decisiones que tomaría años después.

Cuando terminó el secundario decidió estudiar para ser Contador Público con una idea fija: ayudar a sostener el negocio familiar. Recién entonces entendió cuál era el verdadero problema que enfrentaba la empresa. No era solamente vender más o competir con las grandes cadenas. El gran desafío estaba en administrar el dinero.

Las cuentas que no cerraban

La tesorería funcionaba prácticamente de manera artesanal. Patricia llevaba las cuentas corrientes de clientes y proveedores en fichas de papel y, al terminar cada jornada, pasaba toda esa información manualmente a Excel para tratar de entender cómo estaba la caja. Además había que controlar más de diez cuentas bancarias, el efectivo, los cheques, las cuentas por cobrar y las facturas pendientes de pago. Todo dependía de planillas y cálculos manuales.

“Era una tesorería súper manual, fragmentada y reactiva. Todos los días tomábamos decisiones en base a lo que podíamos medir. Si un cliente no venía a pagar, nos rompía toda la caja”, explica. Las preguntas eran siempre las mismas: cuánto dinero había entre todas las cuentas bancarias, si alcanzaría para pagar los sueldos la semana siguiente, qué cheques había que depositar o qué clientes todavía no habían pagado. “Nosotros cobrábamos muchas veces a 45 días y les pagábamos a los proveedores a 30. Ese descalce es una realidad que viven muchísimas empresas y obliga a administrar la caja con muchísima precisión”, asegura.

Toda la familia trabajaba en la venta de electrodomésticos y artículos para el hogar (Foto: Lucas Valeggiani).
Toda la familia trabajaba en la venta de electrodomésticos y artículos para el hogar (Foto: Lucas Valeggiani).

El desenlace llegó en 2017. Después de casi medio siglo de historia, Canal Argentino bajó definitivamente sus persianas. Para Lucas no fue solamente el cierre del negocio de la familia: sintió que había fracasado en el intento de ayudar a su mamá y de preservar el legado de su abuelo.

“Siempre me sentí con culpa por no haber podido ayudar a mi familia. Fue un tema de terapia para mí”, admite. Todavía hoy está convencido de que, si en ese momento hubieran existido herramientas que permitieran anticipar los problemas financieros y ordenar la información de la empresa, la historia podría haber sido distinta. “Yo creo que la empresa se hubiera salvado”, afirma.

La fachada del último negocio familiar (Foto: Google Maps).
La fachada del último negocio familiar (Foto: Google Maps).

Después del cierre comenzó una nueva etapa profesional. Fue una de las primeras incorporaciones de Mercado Pago cuando la empresa empezaba a expandirse en la región y permaneció allí durante nueve años. Más tarde lideró el lanzamiento de productos financieros en Fudo, un software de gestión para restaurantes.

Esa experiencia le permitió comprobar que el problema que había vivido su familia no era una excepción: miles de PyMEs seguían administrando su tesorería prácticamente igual que Canal Argentino. “Veíamos empresas que seguían usando Excel o incluso planillas hechas a mano. Era exactamente lo mismo que había pasado en mi casa”, recuerda.

La culpa que se transformó en un proyecto

En el ecosistema emprendedor conoció a Federico Lenci y Alejo Lovallo. Lo que más le llamó la atención fue que ambos compartían historias parecidas a la suya. Uno venía de una familia con una cadena de restaurantes y el otro había fundado una destilería que exportaba vinos y gin. Los dos habían sufrido los mismos dolores financieros que él había visto en Canal Argentino. “Nos unió haber vivido el mismo problema”, resume Lucas.

Así nació Fonder, una plataforma que utiliza inteligencia artificial para ayudar a las PyMEs a administrar su tesorería. El sistema reúne en un solo lugar la información de los bancos, los sistemas contables, ARCA y hasta las planillas de Excel para automatizar conciliaciones, proyectar el flujo de caja y anticipar problemas financieros. La startup ya consiguió inversión de un fondo de Silicon Valley, fue reconocida en una competencia organizada por el Banco Industrial y hoy tiene clientes en la Argentina y otros países de la región.

Lucas creó Fonder junto a Federico Lenci y Alejo Lovallo (Foto: Lucas Valeggiani).
Lucas creó Fonder junto a Federico Lenci y Alejo Lovallo (Foto: Lucas Valeggiani).

Sin embargo, cuando Lucas habla de su empresa casi nunca empieza por esos logros. Prefiere volver a la imagen de su mamá anotando números en papeles y pasando datos a Excel entrada la noche, intentando que las cuentas cerraran.

“Todos los clientes que se van sumando me hacen acordar a mi empresa familiar. Lo veo como si hoy pudiera salvarla”, dice. Quizás por eso, detrás de la tecnología, los algoritmos y la inteligencia artificial, Fonder nació mucho antes de que existiera como empresa: empezó el día en que un chico de Avellaneda vio cerrar el negocio que había construido su abuelo y prometió que, si alguna vez podía hacerlo, intentaría evitar que esa historia volviera a repetirse.

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