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Celia Melamed le contó a The New York Times que trabajó para Milei durante años y el diario reconstruyó el vínculo con el Presidente.
Miércoles 14 de Octubre de 2026
10:29 | Miércoles 14 de Octubre de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Hace unos diez años, Javier Milei abrió la puerta de su casa y se disculpó por estar mal vestido, explicó que en televisión siempre aparecía de traje. La mujer que lo visitaba no sabía quién era. Se llama Celia Melamed, es "psíquica" de animales y había ido a leerle la mente a Conan, el mastín inglés del futuro presidente. Así empezó una relación que, según contó ahora a The New York Times, terminó cuando Karina Milei pasó por uno de sus talleres.
El vínculo arrancó hace diez años, cuando Conan, el mastín inglés de Milei, se estaba muriendo. Melamed recuerda que el economista, en ese entonces panelista, le pidió disculpas por recibirla vestido de entrecasa, porque en la tele siempre estaba de traje.
Ella no tenía televisor y no sabía quién era. Según su versión, se comunicaba con el perro a través de la energía que sentía en el pecho y le transmitía los mensajes de su dueño, que intentaba salvarlo. Después de esa consulta, dice, Milei “se sintió mejor”.
Desde entonces y durante unos dos años, Melamed fue su psíquica de mascotas personal. Siguió con el trabajo después de la muerte de Conan en 2017, para comunicarse con él, y también con los cinco clones creados a partir de su ADN, que recuerda como cachorros revoltosos e inquietos por la mudanza.
La relación terminó unos cuatro años antes de que Milei ganara la presidencia. Melamed contó que lo votó. Cuando le preguntaron si le había transmitido algún consejo de los perros, se negó a responder y alegó la privacidad de su cliente.
Melamed tiene 67 años, se formó en veterinaria y bacteriología, y empezó a comunicarse con animales en 2008, después de leer un libro sobre el tema y hacer cursos.
Atiende desde un departamento chico en Buenos Aires, lleno de campanillas de viento y atrapasueños. Cobra 35 dólares la hora y, desde la pandemia, trabaja a distancia: le alcanza con una foto del animal para percibir, dice al Times, sus emociones y pensamientos. Cuando se le pregunta cómo funciona, admite que no lo sabe.
Asegura que ya formó a unas 700 personas en sus talleres, y su lista de espera llegó a dos meses después de que se conociera su trabajo para Milei.
El New York Times inscribe este caso en un fenómeno más extenso sobre la comunicación con mascotas que crece en redes sociales y gana clientes en todo el mundo, pese a no tener ningún respaldo científico.
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