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Por Eduardo German: Ernesto Pérez, ministro de Producción y esposo de la sobrina del gobernador, junto a Puy Soria, respaldan a Madera. Ambos buscan desplazar el eje quintelista-pedrali…
Viernes 15 de Mayo de 2026
16:30 | Viernes 15 de Mayo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La estructura política del gobierno de Ricardo Quintela comenzó a fracturarse desde adentro. El ministro de Producción, Ernesto Pérez —esposo de la sobrina del gobernador—, ha decidido trabajar activamente por la candidatura de la vicegobernadora Teresita Madera para 2027, desoyendo explícitamente las señales de la gobernación de posicionar a la diputada nacional Gabriela Pedrali, ex esposa de Quintela.
Pero la disidencia va más allá. Pérez, en una maniobra que expresa el nivel de ruptura, formalizó un acuerdo político con el ministro de Vivienda Ariel Puy Soria. Ambos funcionarios comparten un objetivo común: disputar la intendencia de la Capital a Armando Molina, actual intendente y figura central del sector quintelista-pedrali que controla la gobernación.
El pacto Pérez-Puy Soria constituye una de las alianzas políticas más inesperadas dentro del oficialismo riojano y evidencia una fractura profunda que Quintela no ha logrado controlar ni siquiera desde su propia estructura ministerial. Mientras el gobernador intenta congelar la discusión política hasta después del Mundial de Fútbol, dos de sus propios ministros negocian en paralelo la sucesión del poder provincial y el control de la capital.
Ernesto Pérez representa una figura particularmente incómoda para Quintela: la conexión de parentesco que lo une al gobernador —a través de su matrimonio con la sobrina de Quintela— hace que su desviación hacia Madera sea interpretada como una señal de debilidad interna del proyecto quintelista. Un ministro vinculado familiaramente con el gobernador no es una disidencia que pueda ser ignorada o marginada sin consecuencias políticas.
La decisión de Pérez de no trabajar por Pedrali es, en sí misma, una declaración de guerra política. La diputada nacional —figura de matriz nacional, cercana a Axel Kicillof y a los sectores más progresistas del peronismo— era el instrumento que Quintela pretendía utilizar para perpetuar su influencia post-2027. Al retirarse Pérez de esa ecuación, Pedrali pierde un apoyo ministerial crucial en territorio provincial.
Ariel Puy Soria, por su parte, convierte su ambición de ser intendente capitalino en un acto político de primer orden. Molina, quien controla la municipalidad de La Rioja y responde directamente al eje Quintela-Pedrali, representa el bastión electoral más importante de la provincia. Desalojarlo implica no sólo una victoria municipal, sino un golpe simbólico contra la capacidad de Quintela de gobernar su propia capital.
La reunión que Puy Soria mantuvo públicamente con los diputados Cristian Perez y Claudio Ruiz adquiere ahora una dimensión distinta: no era simplemente un gesto de diálogo, sino un movimiento táctico dentro de una estrategia más amplia de construcción de una coalición anti-Quintela que incluye a figuras de su propio gobierno.
La alianza inesperada entre los dos ministros revela que Teresita Madera no es una candidata construida desde la nada. La vicegobernadora cuenta con el respaldo de actores con peso político real: dos ministros provinciales con responsabilidades ejecutivas, legisladores provinciales, intendentes del interior y funcionarios dispersos en la administración pública que no responden a la línea quintelista.
Quintela aún controla los resortes formales del poder: la gobernación, la estructura administrativa, ciertos sectores de la legislatura. Pero la rebellón de sus propios ministros demuestra que esa estructura es más frágil de lo que aparenta. La «plancha» política que el gobernador intenta mantener hasta después del Mundial no logra contener las ambiciones internas ni los cálculos de poder que sus propios colaboradores están realizando.
La deserción de sus dos ministros hacia Madera es un terremoto político que Quintela no vio venir, o no quiso ver. Un ministro vinculado por matrimonio a la familia del gobernador trabajando para desplazarlo; otro ministro disputando la capital al sector quintelista; una vicegobernadora tejiendo alianzas transversales mientras el gobernador intenta congelar todo. La «plancha» de Quintela se revela como lo que es: un acto desesperado de control que sus propios ministros están minando desde adentro. En La Rioja, la política provincial no está congelada. Está en ebullición.
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