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Por primera vez en 30 años el Congreso busca remover al jefe de Gabinete. Pero aunque la censura prospere, Milei puede volver a nombrar a Adorni.
Miércoles 17 de Junio de 2026
18:22 | Miércoles 17 de Junio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Por estas horas, la situación del jede de Gabinete, Manuel Adorni, es crítica. Presionado por la oposición en ambas cámaras del Congreso, al parecer las horas de uno de los alfiles más importantes del Gobierno están contadas. Las inconsistencias en su declaración jurada colmaron la paciencia de enemigos y aliados, abriendo así la posibilidad de una moción de censura.
El peronismo en el Senado y el kirchnerismo en Diputados pusieron en marcha un mecanismo que la Constitución prevé desde 1994 y que ningún gobierno enfrentó nunca: la moción de censura contra el jefe de Gabinete. El destinatario es Adorni, cuya declaración jurada (donde admitió haber omitido alrededor de US$500.000) abrió la crisis que tiene paralizada su gestión.
Si prospera, sería la primera vez desde la creación de la figura en treinta años que el Congreso intenta remover por esta vía al funcionario que coordina el Gabinete.
Es la herramienta que el Congreso tiene para forzar la salida del jefe de Gabinete sin necesidad de un juicio político, que se incorporó en la última parte del Artículo 101 durante la reforma constitucional de 1994, la misma que creó el cargo.
A diferencia del juicio político, no exige acreditar un delito ni una ilegalidad: alcanza con una decisión política tomada por las mayorías parlamentarias. Es, además, un recurso de uso exclusivo ya que al único funcionario del Poder Ejecutivo al que se le puede aplicar es al jefe de Gabinete.
El procedimiento tiene dos instancias. En la primera, se aprueba un pedido de interpelación "a los efectos" de tratar la censura, y puede arrancar en cualquiera de las dos cámaras con la mayoría absoluta de sus miembros. El jefe de Gabinete es citado al recinto, responde preguntas y tiene la posibilidad de ejercer su defensa.
En la segunda, se ejecuta la moción de censura propiamente dicha, que para prosperar necesita el voto de la mayoría absoluta sobre la totalidad de los integrantes de cada una de las cámaras.
No se cuentan los presentes ese día, se cuenta sobre el total. A partir de ese momento, el efecto es la remoción.
MDZ consultó a especialistas y exfuncionarios al respecto: "Una cámara tiene que reunir la mayoría absoluta de la totalidad para que empiece la moción, y después, para efectivizarla, ambas cámaras por separado tienen que volver a votar con mayoría absoluta. Es muy difícil", explica Hugo Dalbosco, doctor en Ciencias Políticas y especialista en derecho constitucional. Tan difícil, agrega, que en tres décadas no hubo un solo pedido formal para remover a un jefe de Gabinete por esta vía.
El diseño nació, paradójicamente, para atenuar el presidencialismo. Los constituyentes miraron al primer ministro francés de la Quinta República, sujeto a una asamblea con poder de removerlo.
A la luz de su diseño original, el resultado fue otro como recuerda Juan Manuel Abal Medina (jefe de Gabinete entre 2011 y 2013), al funcionario "no lo puede nombrar ni sacar el Parlamento. Lo nombra y lo remueve el presidente".
En este punto reside la clave que distingue al caso argentino de los sistemas parlamentarios. En España, por ejemplo, una moción de censura que prospera lleva implícita la investidura de un nuevo jefe de gobierno. En Argentina, ese no es el caso.
Como la jefatura de gobierno y la responsabilidad política recaen en el presidente, la censura no implica un costo político, sino apenas la sustitución del funcionario, y no existe ninguna normativa o mecanismo que impida que el presidente vuelva a designar a la misma persona.
Dalbosco agrega, incluso si la censura prosperara, que "el presidente podría volver a nombrar al mismo jefe de gabinete. No tiene efecto real". Por lo tanto, un voto de censura contra Adorni sería un golpe político y simbólico inédito, pero no garantizaría su salida definitiva si Milei decide reponerlo.
El detonante fue su declaración jurada patrimonial, en la que reconoció haber omitido información por unos US$500.000, un crecimiento que no logra explicar desde hace meses. En Diputados, el kirchnerismo presentó un proyecto de resolución para interpelarlo y habilitar luego el debate de la moción de censura; en paralelo, el legislador Pablo Juliano, de Provincias Unidas, empujó en la misma dirección. En el Senado, el jefe del bloque peronista, José Mayans, fue el que impulsó la moción.
El acontecimiento que pateó el tablero de forma rotunda es la posición del PRO ante la situación. El partido de Mauricio Macri venía sosteniendo al ministro pese a todo, pero el jefe de su bloque, Martín Goerling, planteó sin matices que "Adorni no puede estar más en su cargo" y que, si el tema llega al recinto, el PRO acompañará la remoción. Ese giro arrastra al resto de los aliados: quedarse del lado del funcionario empieza a leerse como complicidad. En la UCR, mientras tanto, conviven posturas divididas, con un sector que prefiere que sea el propio Ejecutivo el que resuelva.
La sesión prevista para este jueves en el Senado quedó envuelta en interrogantes y depende de la pulseada interna entre Patricia Bullrich y Victoria Villarruel. Con el peronismo solo no alcanzan los números, pero la suma del PRO y otros bloques complicarían al Gobierno. Adorni, por su parte, confirmó que dará su primer informe de gestión en la Cámara alta el 2 de julio, una jugada que le permite ganar tiempo.
En la Casa Rosada la lectura es que ningún sector tiene incentivos para llegar hasta el final, y que la oposición busca más erosionar al Gobierno que reunir las mayorías necesarias.
Por eso Milei, lejos de evaluar una salida ordenada, sostiene al funcionario y planea mostrarse con él. El jefe de Gabinete debería funcionar como fusible del presidente, y hoy es el presidente el que blinda a su jefe de Gabinete.
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