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Con un cabezazo del delantero ecuatoriano, goleador del torneo, el Globo le ganó 1-0 al Ciclón: primer triunfo en el Apertura y fiesta en Parque Patricios.
Domingo 08 de Febrero de 2026
22:44 | Domingo 08 de Febrero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La casa gana. Se lleva todo. El clásico de barrio más grande de un planeta en el que no abundan esta clase de espectáculos tan linkeados con las historias de la cuadra, la mística de chicana entre golpes de taco de billar y de buen fútbol (de ambos lados: que nadie se ofenda).
Gana la casa. El Tomás Adolfo Ducó, de nuevo. Cuatro en las últimas seis ediciones de un mano a mano atrapante aun friccionado. Por eso el estadio estalló. En la monumental fiesta de bienvenida: bengalas de humo rojo para el recibimiento, el trapo al viento -que aumentó de intensidad al bajar el solazo- y el cotillón para acompañar el grito de guerra. El Huracán, entonado bien fuerte reforzando las sílabas, para el reconocimiento al triunfo.
Gana la casa. Lo hace también Jordy Caicedo. Ariete que avisa una sola vez: la siguiente, zácate. Lo aprendió tarde, San Lorenzo: lo que Gastón Hernández evitó en el primer tiempo, ese tiro del ecuatoriano que dio en el botín del capitán azulgrana, no pudo frenarlo Ezequiel Herrera. Un testazo en el aire, perfecto, abriéndose para que ni las yemas de todos los dedos de Orlando Gill pudieran sacarlo.
Jordy Caicedo, el autor del gol y la figura (Foto Maxi Failla).Y a facturar, Huracán. Clink, casa. Ajustado a lo que el trámite había ofrecido hasta ese momento. Un equipo de Diego Martínez mucho menos impreciso que el de Damián Ayude y más intenso al momento de ganar las divididas que su adversario. Un San Lorenzo habituado al buen toque que por momentos pareció apresurado al tocar, ofreciéndole la mandíbula al Globo. Que al pegar, fue Ringo. Incisivo, justo. Quizás algo permisivo: algún fanático habrá recordado la corrida defectuosa de Matías Tissera en el Nuevo Gasómetro, que pudo significar una victoria si afinaba la puntería, cuando Juan Bisanz pateó demasiado desviado luego de quedar mano a mano al ganarle a Herrera.
Fue la tranquilidad de la ventaja la que alivió la ansiedad de aquellas almas inquietas que no pudieron creer esa pifia. Y también el vigor de un equipo estructurado por Diego Martínez que, si bien cedió terreno en el segundo tiempo procurando sostener el 1-0 y eso repercutió en un adelantamiento de San Lorenzo, apenas sintió cosquillas con un tiro incómodo de Alexis Cuello que dio en el poste derecho de Galíndez.
Diego Martínez, el DT del Globo (Foto Maxi Failla).La casa ganó. Hubo desahogo mientras el Ciclón reclamaba fallos a un Falcón Pérez que arrancó como sticker de las jugadas más vibrantes pero luego perdió el control del ritmo del encuentro. Ese que quedó en manos del dueño del Ducó.
El Huracán que logró su primera victoria en el campeonato. Y que en su terruño logró otra ante el Ciclón, con lo que representa para la historia. Para el ánimo y el envión. Para la semana chicanera con amigos.
Para enderezar el rumbo. Para hacer pogo en el corazón de la cancha al ritmo del “minuto de silencio” y el “shh” sincronizado con los miles que alentaron.
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