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Los planes de reforestación ya no alcanzan y ni siquiera hay plantines disponibles para llevar adelante una recomposición integral del paisaje autóctono, por lo que surgen otras modalidades como la extracción activa de especies exóticas invasoras
Miércoles 18 de Febrero de 2026
08:01 | Miércoles 18 de Febrero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Luego de que bomberos y brigadistas sofocan los incendios en la Patagonia, que se suceden verano tras verano, la pregunta que sobrevuela es si se podrá recomponer, y cómo, el paisaje característico del sur del país.
Ya no alcanza con reforestar y la clave en estos casos es, también, suprimir los ejemplares de plantas exóticas invasoras que contribuyen con la degradación de la flora autóctona.
La diferencia entre especie exótica y especie exótica invasora tiene una importancia crucial en un contexto como este, con más de 65 mil hectáreas de bosques nativos arrasados por el fuego. Las especies exóticas invasoras refieren a plantas que no sólo que no evolucionaron junto al lugar donde se encuentran sino que, sobre todo, avanzan a una tasa de crecimiento mucho más alta que la de las especies nativas y van copando el territorio en detrimento de la flora autóctona.
Si bien el panorama no es alentador, existen métodos para recomponer el paisaje como la restauración activa, un proceso que demanda no sólo reforestar el área quemada, sino también, en el caso de la Patagonia, extraer activamente ejemplares de especies exóticas invasoras.
La restauración activa, explicó a TN el técnico superior del Conicet Patagonia Norte Javier Grosfeld, se trata de un proceso para restaurar, de manera ecológica, lugares donde no quedan árboles nativos que componen la estructura de un bosque autóctono. En el caso de la Patagonia argentina, en este grupo se apuntan los cipreses, las lengas y los coihues, entre otras especies.
Este tipo de restauración conviene llevarla adelante en áreas críticas y extensas porque, de otro modo, es muy difícil que los bosques nativos vuelvan a ser la referencia del paisaje patagónico.

A esta altura, los planes, programas e iniciativas públicas y privadas que sólo contemplan la reforestación no alcanzan si se intenta recuperar el paisaje. De hecho, tampoco es suficiente la cantidad de plantines para llevar a cabo tal tarea. “De los viveros forestales que producen plantas nativas, entre los públicos, los privados y los de ONG, no alcanza para reforestar ni el 1% anual”, explicó Grosfeld.
La reiteración de incendios en la zona (más de 63 mil hectáreas arrasadas en el noroeste de Chubut en 2025 y más de 50 mil hectáreas este año, aportó el investigador) obliga a ir más allá de la plantación de plantines e involucrarse tanto en la búsqueda de semillas para producir nuevos ejemplares hasta la extracción de plantas exóticas invasoras, que tienen todas las condiciones disponibles para avanzar sobre la flora dañada por el fuego.
Llevar adelante operativos de este tipo representa costos elevados, detalló Grosfeld: “En promedio, cuesta entre 1500 y 2000 dólares o más por hectárea”.
Además, marcó que si el tiempo pasa y no se trabaja sobre el territorio, los costos se elevan: “Tenemos una ventana muy corta de tiempo en la relación costo-beneficio. Habría que aprovechar los primeros cuatro años post incendios para sacar las especies exóticas. Retirar esas plantas es fundamental porque hay áreas invadidas y no hay que dejar que el proceso siga su curso, hay que intervenir”.
Esta reducción de la vegetación, puntualizó, debe enfocarse en zonas en donde ya haya viviendas. Y si bien remarcó que es costosa, aseguró: “Es más barato que combatir incendios forestales”.
La asociación civil Circuito Verde, de Bariloche, comenzó su actividad en 2016 a partir de una iniciativa de alumnos de la Universidad Nacional de Río Negro. Por entonces, estaba conformado por estudiantes de carreras ligadas a las Ciencias Biológicas y al Paisajismo, entre otras.
Diez años después y tras varias experiencias de reforestación y educación ambiental, entre otras cuestiones que abordan, desarrollaron una metodología de trabajo anual que implica no sólo ir a los territorios quemados para ayudar a recomponer el paisaje nativo, sino también organizar salidas al campo con voluntarios que se dedican únicamente a extraer plantas exóticas invasoras, como los pinos.
“Empezamos laburando en bosques quemados y pensamos que la restauración era sólo ir a plantar árboles en las zonas quemadas”, contó a TN Agustina Iglesias Louis, una de las coordinadoras del programa Plantando Patagonia de Circuito Verde y licenciada en Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional del Comahue.
Los trabajos del programa arrancaron con reforestaciones en 2020, en Bariloche y El Bolsón, pero ahora escalaron e incluyen programas de monitoreo sobre las especies que plantan. La bióloga remarca que es imprescindible la época para hacerlo porque siempre son lugares remotos: el período ideal va de fines de abril a principios de mayo. “Prepararlos para la situación crítica, que son los primeros dos veranos, es fundamental. Si el árbol sobrevive a las primeras dos estaciones secas, la posibilidad de que sobreviva es muy alta”, explica.
El quiebre en la dinámica del programa de restauración se dio el año pasado, cuando a las tareas de reforestación le sumaron las de extracción: sacar árboles exóticos invasores, como los pinos, para dejarle lugar disponible a los plantines de especies nativas recién plantados. A diferencia de las jornadas de plantaciones, las de extracción se pueden hacer en cualquier momento del año.
“En la restauración, plantar es sólo una sección de varias: hay que buscar semillas, sembrarlas, generar plantines y encargarse de las (especies) exóticas. En la Patagonia, los pinos o la rosa mosqueta son algunas de ellas”.
Iglesias Louis explicó que las especies exóticas invasoras avanzan a una tasa de crecimiento mucho más alta que la de las especies nativas: “Agarran un nicho vacío. Por ejemplo, la germinación de las piñas del pino se ve favorecida por el fuego. Con incendios así (en referencia a los de los últimos veranos) avanzan tanto que las nativas no pueden competir. Empezamos a ver esos cambios en el paisajes y planteamos que había que empezar a sacar exóticas”.
Hay un paso previo a las jornadas de extracción y es la educación ambiental. No sólo para entender cómo se hace, sino por qué. “Es fundamental que la gente (que participa de las jornadas) se vaya con el mensaje de que se puede hacer algo y que aprenda”, dijo la bióloga.
Altos costos
Más allá de la reforestación
Sacar vegetación

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