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La Rioja no había visto algo así en tres décadas. En solo tres meses, entre enero y marzo de 2026, la provincia acumuló 410 milímetros de lluvia. La media histórica anual es de 367 milímetros.
Sábado 11 de Abril de 2026
10:36 | Sábado 11 de Abril de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Un fenómeno que no termina con el verano
Lo que hace al escenario especialmente significativo es que el ciclo de lluvias extraordinarias no se agotó con el calor. El otoño llegó sin interrumpir el patrón: las precipitaciones seguirán por encima de los valores normales al menos hasta mayo, según el pronóstico del Servicio Meteorológico Nacional. Las temperaturas también se mantendrán por encima de lo esperable para la estación, con comportamiento irregular: días con máximas que rozan los veintitantos grados combinados con mañanas y noches frescas, sin que el invierno meteorológico termine de imponerse.
El resultado es un año climáticamente fuera de los parámetros habituales en todos sus tramos, lo que obliga a sostener la alerta no solo por lo que ya ocurrió sino por lo que todavía puede ocurrir.
El agua que llega y el agua que destruye
Los 410 milímetros acumulados tienen dos caras que coexisten sin cancelarse. La primera es el alivio: un año con lluvias históricas recarga parcialmente los suelos, alimenta los cauces superficiales y comienza el largo proceso de infiltración que eventualmente —en años, no en meses— podría contribuir a la recuperación de las napas subterráneas de donde la provincia extrae el agua potable para sus localidades del interior. Para una provincia que convive con déficit hídrico estructural, un año así tiene valor.
La segunda cara es el daño. Las precipitaciones intensas que se registraron durante el verano y el inicio del otoño dejaron consecuencias materiales en distintos sectores de la capital y el interior riojano: calles anegadas, infraestructura comprometida, cauces desbordados, pasos de río intransitables. El agua en cantidad extrema no es solo un recurso; es también una amenaza para la infraestructura que no fue diseñada para absorberla.
Por qué el récord no resuelve la crisis hídrica
Hay una paradoja que el dato de 410 milímetros no alcanza a ocultar y que las autoridades del Ministerio de Agua y Energía vienen explicando con insistencia: que llueva un año histórico no significa que el problema del agua potable en el interior quede resuelto. El proceso por el cual el agua de lluvia se infiltra en el suelo, desciende hasta los acuíferos profundos y queda disponible para ser extraída mediante perforaciones lleva años, no meses. La recarga de las napas subterráneas es un proceso geológico que tiene sus propios tiempos, ajenos a la urgencia de los ciclos electorales o de las obras en curso.
Por eso la provincia sigue construyendo perforaciones en Vichigasta, reparando sistemas de rebombeo en Punta de los Llanos y trabajando en acueductos hacia los barrios altos de distintas localidades, incluso en el año más lluvioso en tres décadas. El agua que cae hoy no es la misma que sale mañana por la canilla del interior riojano.
Lo que 2026 sí garantiza es que la recarga comenzó. Que si el ciclo de lluvias extraordinarias se sostiene, el acuífero tendrá más para dar en los años que vienen. Es una buena noticia con perspectiva de largo plazo. Para el corto, la provincia construye infraestructura con fondos propios y espera que el agua encuentre su camino hacia abajo.
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