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La disciplina, originaria de los países nórdicos y los Alpes, combina resistencia física, maniobras de transición y trabajo en equipo. Por qué afirman que desafiará a los mejores atletas
Jueves 19 de Febrero de 2026
08:06 | Jueves 19 de Febrero de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
Desde hace más de un siglo, los Juegos Olímpicos de Invierno han sido escenario de tradición y renovación, pero en la presente edición en Milán-Cortina, el foco se posa sobre una disciplina que llega para marcar un antes y un después: el skimo. Por primera vez, el esquí de montaña se suma al programa olímpico, abriendo una nueva etapa para los deportes de nieve y atrayendo la atención tanto de veteranos como de nuevos fanáticos.
Esta disciplina se presenta en un formato pensado para el espectáculo y la exigencia física. Solo tres pruebas forman parte del calendario: velocidad masculina, velocidad femenina y relevo mixto. Cada una exige a los atletas enfrentarse a recorridos que combinan ascensos y descensos, todo bajo una presión máxima por la rapidez y precisión en las transiciones del equipo, según explica CNN.
También conocido como esquí de montaña, hunde sus raíces en las tradiciones de los países nórdicos y Siberia, donde se utilizaban como medio esencial para desplazarse por la nieve mucho antes de que existieran los telesillas o el propio deporte recreativo. En esos entornos, desplazarse de refugio en refugio durante varios días se realizaba con la ayuda de esquís y pieles de foca, un material que mejoraba la adherencia en los ascensos.
La relación del skimo con el ámbito militar es significativa: las patrullas de montaña empleaban esta técnica para moverse en terrenos nevados, especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Esta práctica militar dio origen a la patrulla militar, disciplina precursora del biatlón moderno. Hasta el día de hoy, algunos equipos nacionales conservan vínculos con organizaciones militares, aunque en países como Estados Unidos se ha profesionalizado bajo organismos civiles desde su inclusión olímpica.
Como deporte estructurado, comenzó a desarrollarse a finales del siglo XIX, con los Alpes como epicentro de su popularización en Europa. La Federación Internacional de Skimo se constituyó en 2007 y, tras ser reconocida oficialmente por el Comité Olímpico Internacional (COI) en 2016, la disciplina logró un debut exitoso en los Juegos de la Juventud de 2020. Finalmente, en julio de 2021 se confirmó su inclusión en el programa olímpico, dando paso a su estreno en Milán-Cortina, asegura CNN.
En las pruebas de sprint, seis participantes compiten a la vez en carreras breves que duran entre tres y cuatro minutos. El recorrido se divide en tres partes: un ascenso con pieles adheridas a los esquís para mejorar el agarre, una sección de porteo donde los esquiadores suben a pie cargando los esquís en la mochila, y un descenso final en slalom tras retirar las pieles y ajustar el equipo para la bajada. El desnivel total del circuito ronda los 100 metros, y cada maniobra de transición puede definir el resultado por la escasa diferencia de segundos entre rivales, informa la organización de los Juegos Olímpicos.
Por su parte, el relevo mixto implica equipos formados por un hombre y una mujer, que alternan en cuatro vueltas sobre un recorrido de mayor elevación y dificultad respecto al sprint. En cada vuelta, los atletas encaran dos ascensos y dos descensos, lo que exige no solo resistencia y técnica, sino también una sincronización precisa entre compañeros.
La dinámica de la competición se vuelve especialmente intensa en las zonas de transición, donde los cambios rápidos de material y el contacto físico entre competidores son frecuentes. Las reglas contemplan sanciones por conducta antideportiva, aunque rara vez se aplican, ya que el ambiente competitivo se equilibra con el respeto mutuo entre atletas.
Se distingue del esquí alpino tradicional no solo por su enfoque en el ascenso, sino también por las técnicas y maniobras que requiere en cada fase del recorrido. Mientras que el esquí convencional depende de telesillas para alcanzar las cumbres, en el esquí de montaña los deportistas ascienden por sus propios medios, lo que exige una preparación física y técnica considerable.
La progresión en el ascenso implica alinear los esquís con la trayectoria y mantener los bastones de forma vertical para optimizar el esfuerzo. La altura de los mismos varía según la pendiente: en tramos suaves, la mano superior debe llegar a la altura de la axila, mientras que en pendientes más pronunciadas, se recomienda ajustarlos para mayor comodidad, siguiendo principios similares al senderismo o alpinismo.
Una maniobra clave en la disciplina es la transición: el momento en que se ponen o quitan las pieles de foca, elemento fundamental para evitar deslizamientos cuesta arriba, afirma CNN. Este proceso se realiza en pocos pasos: cerrar la caña de la bota para ganar estabilidad, colocar la fijación en posición de bajada, retirar la piel tirando desde la puntera, golpear el talón para asegurar la bota en la fijación y plegar correctamente la piel para evitar que se ensucie o se deteriore.
El skimo se ha consolidado como una de las disciplinas de nieve más completas en cuanto a exigencia y beneficios para quienes lo practican, sean atletas de alto nivel o aficionados que buscan una alternativa al esquí tradicional. Su principal aporte radica en la mejora de la resistencia cardiovascular, ya que los ascensos prolongados durante varias horas imponen un ejercicio de cardio sostenido que fortalece el corazón y los pulmones.
Este deporte también favorece el balance muscular: al exigir el uso simultáneo del tren inferior y superior, el cuerpo trabaja de manera equilibrada, contribuyendo a una mayor fuerza global y a la prevención de desequilibrios musculares. La práctica constante ayuda a desarrollar la propriocepción, es decir, la capacidad de percibir la ubicación y el movimiento del cuerpo en el espacio, ya que los terrenos irregulares obligan a improvisar movimientos y a mantener el control en todo momento.
Adicionalmente, el esquí de montaña potencia el equilibrio y la coordinación, habilidades esenciales para afrontar tanto los ascensos como los descensos técnicos. Todo esto se traduce en una mejora integral de la condición física, el dominio del entorno y la seguridad personal en la montaña invernal.
Los beneficios físicos del skimo
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