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Uruguay y Paraguay cuestionaron el mecanismo utilizado para distribuir las exportaciones sin arancel hacia Europa y denunciaron ventajas operativas para empresas argentinas y brasileñas tras la entrada en vigor del acuerdo con la UE.
Viernes 15 de Mayo de 2026
09:25 | Viernes 15 de Mayo de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma
La entrada en vigencia del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) ya generó el primer conflicto dentro del bloque regional.
El detonante fue la miel. A pocos días de comenzar el nuevo régimen comercial, el cupo inicial de exportación sin arancel hacia Europa se agotó rápidamente y provocó cuestionamientos de Uruguay y Paraguay por el mecanismo utilizado para distribuir el beneficio.
La controversia comenzó después de que el primer tramo del contingente libre del arancel europeo del 17,3% quedara prácticamente cubierto por operaciones registradas desde Argentina y Brasil. Exportadores uruguayos señalaron que más del 80% del volumen habilitado terminó en manos de empresas argentinas, principalmente de Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba, apenas iniciado el esquema el pasado 1° de mayo.

El acuerdo comercial habilitó un contingente especial de exportación de miel con arancel cero para los países del Mercosur. Sin embargo, desde la Secretaría de Agricultura argentina aclararon que durante este primer año de aplicación el volumen total no será de 7500 toneladas, como inicialmente trascendió, sino de 5000 toneladas distribuidas en distintos tramos hasta fin de 2026.
El primer cupo disponible comprendía 1402 toneladas para el período mayo-junio y fue el único agotado hasta el momento. Los próximos contingentes volverán a habilitarse el 1° de julio y el 1° de octubre, con volúmenes de 1800 toneladas cada uno.
La principal discusión se concentra en el sistema FIFO —“first in, first out” o “primero en llegar, primero en acceder”— adoptado finalmente por el Mercosur ante la falta de consenso político entre los países miembros. Uruguay y Paraguay sostienen que ese mecanismo favorece inevitablemente a las economías con mayor estructura exportadora y capacidad logística inmediata, como Argentina y Brasil.
Desde Paraguay incluso reclamaron reservar una porción fija del contingente para los países más pequeños del bloque. El sector apícola paraguayo propuso garantizar al menos una cuarta parte del cupo total para evitar que las primeras operaciones absorban rápidamente todo el beneficio disponible.
En Argentina, en cambio, el sector defendió el procedimiento aplicado. Desde la Sociedad Argentina de Apicultores aseguraron que no hubo irregularidades y explicaron que las empresas locales ya tenían contratos firmados, documentación aprobada y contenedores preparados antes de la puesta en marcha del acuerdo comercial.
El presidente de la entidad, Lucas Martínez, remarcó además que la diferencia de escala exportadora entre los países explica gran parte de lo sucedido. Argentina exporta cerca de 90.000 toneladas de miel por año a nivel mundial y entre 30.000 y 32.000 toneladas tienen como destino la Unión Europea. Uruguay, por su parte, comercializa alrededor de 12.000 toneladas anuales, de las cuales entre 8000 y 9000 se dirigen al mercado europeo.
La tensión creció aún más después de que el Gobierno argentino anunciara el primer embarque de miel que ingresó a Europa sin pagar aranceles. El envío correspondió a 22 toneladas procesadas en Concordia, Entre Ríos, y se convirtió en la primera operación certificada bajo el nuevo esquema comercial.
Mientras tanto, el acuerdo Mercosur-Unión Europea prevé una ampliación progresiva de los cupos libres de arancel para la miel. El contingente pasará a 15.000 toneladas en 2027 y seguirá aumentando de manera gradual hasta alcanzar las 45.000 toneladas anuales a partir del quinto año de vigencia.
Más allá del volumen exportado, la discusión dejó expuesta una cuestión de fondo dentro del Mercosur: las diferencias de tamaño, logística y competitividad entre sus socios. Un debate que podría repetirse en otros productos agroindustriales a medida que avance la implementación del acuerdo con Europa.
La entrada en vigor del acuerdo interino entre el Mercosur y la Unión Europea (UE) comenzó a modificar el escenario comercial de Argentina y del resto de los países sudamericanos.
Desde el 1° de mayo de 2026, el tratado empezó a regir formalmente y representa uno de los movimientos geopolíticos y económicos más relevantes de las últimas décadas para la región, según destacó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR).
El acuerdo fue definido por especialistas como el mayor tratado comercial alcanzado en la historia del Mercosur.
El nuevo esquema crea un área de libre comercio entre los cuatro países sudamericanos —Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay— y los 27 miembros de la Unión Europea, consolidando un mercado de enorme escala y estableciendo nuevas reglas de acceso para bienes industriales, productos agropecuarios y servicios.
Para Argentina, el impacto adquiere una dimensión estratégica. La Unión Europea es actualmente el segundo destino de exportación del país y el principal inversor extranjero directo. Durante 2025, las exportaciones argentinas hacia el bloque europeo alcanzaron los US$8486 millones, mientras que las importaciones totalizaron US$10.478 millones.
El informe elaborado por Guido D’Angelo y Emilce Terré destacó que el acuerdo podría revertir la pérdida de participación europea observada durante los últimos años en el comercio argentino. En el primer trimestre de 2026, la Unión Europea representó apenas el 9,3% de las exportaciones nacionales, uno de los niveles más bajos en décadas.
La agroindustria aparece como uno de los grandes protagonistas del nuevo escenario. Actualmente, el 85% de las exportaciones argentinas hacia Europa corresponden a productos agroindustriales, entre ellos harina de soja, biodiesel, carne bovina, maní y distintos complejos alimenticios.
El tratado contempla la liberalización del 100% de los bienes industriales y del 82% de los productos agrícolas que ingresen al mercado europeo. Para aquellos productos sensibles que no tendrán apertura total, se establecieron cuotas de acceso específicas. Entre ellos aparecen carnes, huevos, quesos, leche en polvo, etanol, azúcar, arroz y maíz.
Al mismo tiempo, otros productos agropecuarios como frutas, hortalizas y vinos podrán ingresar sin aranceles y sin límites de cuotas. Según el informe, el 99% de las exportaciones del Mercosur quedarán comprendidas dentro de algún beneficio comercial. Un 74% ya ingresó libre de aranceles desde la entrada en vigencia del acuerdo y otro 18% tendrá desgravaciones progresivas durante los próximos diez años.
Uno de los aspectos más sensibles para Argentina está vinculado a los derechos de exportación. El acuerdo establece que, desde 2029, el país no podrá aplicar retenciones a las exportaciones destinadas a la Unión Europea, salvo excepciones puntuales previstas dentro del tratado. En el caso del complejo soja, se fijó un cronograma de reducción gradual: el techo de derechos de exportación caerá al 18% en 2031 y al 14% en 2036.
Además, productos como maíz, trigo, sorgo, girasol y carnes avanzarían hacia una eliminación total de derechos de exportación en un plazo de tres años para las operaciones con Europa. El informe sostiene que, si las condiciones previstas se consolidan, las exportaciones agroindustriales argentinas podrían generar ingresos adicionales por más de US$10.500 millones durante la próxima década.
Más allá del comercio, el tratado también busca transformarse en una plataforma de inversiones. La Unión Europea comprometió fondos por 1800 millones de euros para proyectos vinculados al Mercosur, incluyendo subvenciones directas, financiamiento productivo y apoyo a infraestructura.
En paralelo, el acuerdo incorpora regulaciones vinculadas a trazabilidad, comercio electrónico, controles sanitarios y sustentabilidad ambiental. Uno de los puntos más destacados es el reconocimiento de sistemas locales de control frente a las exigencias europeas relacionadas con deforestación y sustentabilidad productiva.
Para distintos sectores productivos argentinos, el nuevo escenario abre oportunidades, pero también desafíos. La necesidad de cumplir estándares ambientales y sanitarios cada vez más estrictos obligará a realizar inversiones y adaptaciones en numerosos complejos exportadores.
Con la implementación ya en marcha, el acuerdo Mercosur-Unión Europea empieza a configurar un nuevo mapa comercial para Argentina. El alcance real de sus beneficios dependerá ahora de la capacidad del país para incrementar competitividad, atraer inversiones y consolidar una estrategia exportadora de largo plazo.
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