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Armando Molina acompañó las fiestas patronales de San Antonio de Padua junto al Niño Alcalde y la Virgen del Valle

El intendente participó de la celebración en el puesto Don Goyo, donde se veneró al patrono junto a las imágenes del Niño Jesús Alcalde y de la Virgen del Valle. La jornada combinó la devoción popular con un mensaje político de unidad provincial.

Lunes 15 de Junio de 2026

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00:26 | Lunes 15 de Junio de 2026 | La Rioja, Argentina | Fenix Multiplataforma

El intendente de la ciudad de La Rioja, Armando Molina, acompañó las fiestas patronales en honor a San Antonio de Padua, que cada 13 de junio convocan a la feligresía en distintos parajes de la provincia. La celebración tuvo lugar en el puesto Don Goyo y reunió la veneración al santo patrono con la presencia de dos de las imágenes más significativas del catolicismo regional: el Niño Jesús Alcalde y la Virgen del Valle.

“Acompañamos con fe y esperanza la presencia de nuestro Niño Alcalde junto a la Virgen del Valle”, expresó el jefe comunal al referirse a la jornada, en la que la liturgia se entrelazó con la identidad cultural riojana.

San Antonio de Padua en el calendario de la fe popular

San Antonio de Padua, fraile franciscano del siglo XIII y Doctor de la Iglesia, figura entre los santos de mayor devoción en el mundo católico. Su festividad, fijada el 13 de junio, se celebra en numerosas localidades y parajes del interior riojano, donde las fiestas patronales conservan un fuerte arraigo comunitario y funcionan como punto de encuentro de las familias rurales.

En ese marco, la presencia de las autoridades municipales constituye un gesto habitual que reafirma el vínculo entre el Estado local y las expresiones de religiosidad popular, profundamente entramadas en la vida social de la provincia.

El Niño Alcalde, símbolo de la identidad riojana

La imagen del Niño Jesús Alcalde ocupa un lugar central en la identidad religiosa de La Rioja. La devoción se vincula con el Tinkunaco, la ceremonia de raíz cuatricentenaria que cada 31 de diciembre escenifica el encuentro entre el mundo indígena y el hispánico, y en la que el Niño Jesús es proclamado simbólicamente alcalde de la ciudad. Esa tradición, declarada parte del patrimonio cultural provincial, sintetiza el mestizaje que dio forma a la cultura riojana.

A la figura del Niño Alcalde se sumó en la celebración la Virgen del Valle, patrona de la vecina Catamarca y objeto de una profunda veneración en todo el Noroeste argentino. La convergencia de ambas imágenes en el puesto Don Goyo reflejó el carácter integrador de la fe popular en la región.

Devoción y mensaje político

Más allá de su dimensión litúrgica, la participación de Molina dejó una lectura política. El intendente acompañó la jornada con un llamado a la concordia, en sintonía con el tono que la dirigencia provincial suele imprimir a las celebraciones religiosas. “Sigamos caminando juntos, con esperanza para construir una Rioja más unida”, planteó el jefe comunal, en una formulación que excede lo estrictamente devocional.

El mensaje se inscribe en una tradición política riojana en la que la fe y la gestión pública dialogan de manera permanente, y en la que las fiestas patronales operan como espacios de cohesión comunitaria y de presencia institucional.

La escena del puesto Don Goyo condensa un rasgo distintivo de la provincia: la imbricación entre religiosidad popular y vida política. En La Rioja, donde el Tinkunaco y el Niño Alcalde estructuran buena parte de la identidad colectiva, la participación de un intendente en las fiestas patronales nunca es un acto meramente protocolar. La invocación a la unidad, formulada en clave de fe, también funciona como señal en un escenario provincial atravesado por la disputa por el poder rumbo a 2027 y por la tensión fiscal con la Nación. En ese cruce entre lo sagrado y lo terrenal, la dirigencia riojana encuentra un lenguaje propio para hablarle a su pueblo.

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